Amargo Vinotinto

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 13/11/2021
Propietario de la imagen: Federación Venezolana de Fútbol

Un análisis más allá de lo futbolístico

Con siete puntos, Venezuela es última en la tabla de clasificación en la CONMEBOL sudamericana para las eliminatorias del Mundial Qatar 2022. Desde hace varias fechas, la popular Vinotinto está matemáticamente descartada de cualquier opción que suponga poder acceder a algunos de los cupos que permitirían cumplir el gran sueño del fútbol venezolano: jugar por primera vez un Mundial de fútbol.

El estado de la Vinotinto refleja claramente la situación del país. Hace unas semanas, el seleccionador era el portugués José Peseiro, quien finalmente renunció tras no recibir ningún pago por parte de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) durante más de un año de trabajo.

El estado de la Vinotinto refleja claramente la situación del país.

Lo hizo con pesar porque Peseiro daba la imagen de que creía en el proyecto. Pero el desorden institucional de la FVF, aún lastrada por el virus de corrupción FIFA que en 2015 se llevó por delante a su entonces presidente Rafael Esquivel, en el cargo desde 1988, así como la crisis económica nacional, no permitían concretar un mínimo de coordinación para el trabajo de Peseiro y su equipo.

Su sustituto, Leonardo González, asumió de forma interina con la esperanza de terminar las eliminatorias pero ya sabe que ocupará por última vez el banquillo criollo contra Perú el próximo martes 16. Hoy rueda en las redes un nombre que ilusiona a la fanaticada criolla: el del argentino José Néstor Pekerman, un exitoso entrenador con experiencia mundialista con Argentina y Colombia, y quien asumiría la dirección de la Vinotinto a partir de enero de 2022.

Pero hay que observar en perspectiva el momento actual de la Vinotinto, lo que ha significado para el país y el porqué del desencanto actual y la crisis de resultados. Allá por 2001, de la mano del seleccionador Richard Páez y gracias a una serie de cuatro victorias consecutivas en las eliminatorias contra Uruguay, Chile, Perú y Paraguay, todo ello en medio de la polarización existente en Venezuela, la Vinotinto se convirtió, casi que podríamos asegurarlo, como el único espacio en el cual los venezolanos nos encontramos, nos unimos, olvidamos nuestras diferencias y nos pusimos a vibrar con un proyecto ilusionante.

Cabe destacar que en esas eliminatorias al Mundial 2002, Venezuela por primera vez en su historia abandonó el último lugar de la clasificación. Un último lugar al que vuelve a estar instalada 20 años después.

Pero más allá de eso se forjó un "sentimiento Vinotinto", algo inédito e inesperado en un país donde el beisbol es el deporte rey y donde los venezolanos ligaban por Brasil en un Mundial. La Vinotinto les hizo ver que en Venezuela sí hay fútbol y que se puede soñar en un país que ya se deslizaba aceleradamente en la tristeza, el desencanto y la frustración debido a la polarización política y la crisis económica. Con todo, la camiseta Vinotinto florecía por las calles venezolanas con un sentimiento de orgullo, de pertenencia. De unión.

La camiseta Vinotinto florecía por las calles venezolanas con un sentimiento de orgullo, de pertenencia. De unión.

Seguimos con los datos donde el sueño Vinotinto fue forjándose. Durante tres eliminatorias consecutivas, 2006, 2010 y 2014, Venezuela llegó a la penúltima jornada con opciones reales de clasificación al Mundial, sea por cupo directo o por repechaje. Algo insólito. En el camino estuvo la Copa América 2007 celebrada en suelo patrio, esa que el chavismo usó políticamente mientras cerraba RCTV pero donde nuestra selección alcanzó por vez primera los cuartos de final.

Y después la inolvidable Copa América 2011 en Argentina, donde la Vinotinto llegó hasta semifinales en su mejor actuación histórica en torneo de mayores, de la mano de César Farías, sucesor de Richard Páez en el banquillo criollo y actual seleccionador de Bolivia.

En esa etapa brillaban estrellas como Juan Arango, Tomás Rincón, César "Maestrico" González, Salomón Rondón, Miku Fedor, José Manuel Rey, Oswaldo Vizcarrondo, Roberto Rosales o Alejandro Cichero, entre otros, que llegaron a disputar los mejores torneos internacionales en la Liga española, el Calcio italiano o la Premier inglesa.

Esa herencia sigue hoy reflejada en una nueva camada generacional que en 2017 logró incluso superar lo realizado en la Copa América 2011, cuando la Vinotinto Sub-23 llegó a la final del Mundial disputado en Corea del Sur, en la que perdió el partido definitivo contra Inglaterra. De esa generación entonces dirigida por el seleccionador Rafael Dudamel, brillaron jugadores que hoy forman parte de la Vinotinto: Wilker Faríñez, Soteldo, Peñaranda, etc...Y las buenas actuaciones siguieron en la Copa América Centenario de 2016, alcanzando otra vez los cuartos de final.

Entonces, ¿por qué la crisis actual? ¿Por qué cuando soñábamos con una evolución futbolística, a pesar de la crisis del país, volvemos a los últimos lugares de la clasificación? ¿Por qué no podemos clasificar a un Mundial, siendo la única selección sudamericana en jamás lograrlo hasta ahora?

¿Por qué la crisis actual? ¿Por qué cuando soñábamos con una evolución futbolística, a pesar de la crisis del país, volvemos a los últimos lugares de la clasificación? ¿Por qué no podemos clasificar a un Mundial?

Por falta de talento no es, ya que prácticamente la mayor parte de los jugadores de la selección disputan ligas extranjeras, y eso les da el roce y la experiencia necesarias. Pero sí puede que lo sea la falta de motivación, la dejadez y el caos federativo, la falta de profesionalidad y la actitud de algunos jugadores clave que incluso han llegado a renunciar a jugar con la selección, o de otros que siendo titulares han provocado escándalos fuera del terreno de juego.

Sin menoscabar los efectos de una crisis que afecta a todos y de la que no escapan los propios futbolistas criollos que juegan en una Liga venezolana ya precaria en sus condiciones, urge recuperar la motivación, el orgullo y el amor por la camiseta Vinotinto que alimentó tantos sueños y que tantas alegrías nos dio en el pasado reciente. Urgencias que pide a gritos un país que hoy también quiere borrar el amargo sabor que nos está dejando la Vinotinto.