¿Fin de la Dinastía Kim en tiempos del coronavirus?

Corea del Norte ante la eventual muerte de Kim Jong-un

kim
Propietario de la imagen
Hispan TV (Irán)

Mientras más de 200.000 personas a nivel mundial han muerto por coronavirus, crecen los rumores sobre el aparentemente pésimo estado de salud del obeso y excéntrico líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, de apenas 36 años.

Por ello, y mientras la pandemia del COVID 19 sigue causando estragos a nivel mundial, la posibilidad de desaparición física de Jong-un coloca súbitamente la atención mundial en la península coreana, de elevado nivel estratégico debido a la capacidad nuclear del régimen comunista norcoreano.

En las cábalas de las grandes potencias, en este caso EE.UU, China, Rusia y Japón, involucradas obviamente junto a las dos Coreas, la del Norte y la del Sur, está la posibilidad de que la eventual muerte de Kim Jong-un lleve a un histórico final de la Dinastía Kim que gobierna Corea del Norte de manera férrea y totalitaria desde 1949. Como lo fuera en Cuba con los Castro entre 1959 y 2019, la de Corea del Norte es la única dinastía familiar que sigue al frente del poder en un régimen comunista.

kims

El culto a la personalidad de la Dinastía Kim es absoluto. Los norcoreanos están obligados a ofrecer reverencia y respeto a las estatuas del abuelo y padre del actual Máximo Líder. Propietario de la foto: El País (España)

En un régimen tan hermético y aislado como el norcoreano, la posibilidad de una sucesión del Líder Máximo estaría en manos de una especie de sistema propio, el “sungbun”, una estructura de castas discriminatorio que se mide de acuerdo a su lealtad al Líder Máximo. Es allí donde crecen las especulaciones de luchas intestinas de poder entre diversas élites interesadas en dar curso a la sucesión “post-Kim”.

Pero tomando en cuenta que Kim no tiene hijos mayores de edad, podrían estar activándose radicalmente las intrigas de palacio motivadas no sólo dentro de la familia Kim sino por otras élites del poder, toda vez los rumores de salud del actual líder lleven al desenlace fatal.

Para la sucesión, suena un nombre propio: su hermana Kim Yo Jong, de 32 años, apodada “la Princesa”. En caso de que así sea, algo por ahora poco probable, sería la primera mujer al frente del poder en la historia de la república comunista.

kima

Kim con su hermana Kim Yo Jong, apodada "La Princesa". Muchos ojos están colocados en ella como posible sucesora transitoria. Propietario de la foto: BBC Mundo.

Pero puede que su labor sea más bien transitoria, de tutelaje familiar hacia el hijo mayor varón de su hermano Kim, hasta que éste alcance la mayoría de edad y la madurez suficiente para ocupar el poder. Un tutelaje más bien propio de las más elaboradas dinastías monárquicas que han estado en el poder durante siglos.

La eventualidad de una crisis coreana en caso de muerte de Kim atrapa a China y EE.UU, los dos grandes actores, actualmente embarrados con el coronavirus. Beijing es la única vía exterior que el régimen norcoreano maneja con fluidez, en menor instancia Rusia. La Venezuela “chavista” y la Cuba “post-castrista” son otros aliados, pero lejanos en el mapa y sin margen de influencia en el asunto coreano.

Por tanto, Trump y Xi Jinping, el máximo líder chino, observan con atención qué pasará en la península coreana en caso de que finalmente los rumores sobre la salud de Kim dejen de ser precisamente rumores y se conviertan en una realidad.

Tradicionalmente, los regímenes comunistas manejan con celo y absoluto hermetismo el tema de la salud de sus dirigentes. El caso paradigmático lo fue la URSS cuando falleció Stalin en 1953. El anuncio de su muerte se hizo oficialmente días después de que ocurriera. En Corea del Norte, las muertes de Kim Il Sung (1994), fundador de la dinastía y abuelo del actual líder, y su hijo y sucesor Kim Jong Il (2011), padre del actual, también fueron manejadas bajo la estricta metodología “estalinista” del poder.

Pero predecir un colapso inmediato del régimen norcoreano en caso de muerte de Kim parece algo osado y poco creíble. El régimen está férreamente controlado por un estamento militar rígido y con elevada cultura corporativa, una especie de poder pretoriano que controla el bien más preciado del sistema: el arsenal nuclear. El otro actor de poder es el Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, pero más como entidad burocrática donde diversas élites pujan por espacios de poder.

Algunas de estas élites y facciones de poder están pujando por una posible apertura económica exterior, toda vez desde que Kim llegó al poder en 2011 tras la muerte de su padre, el régimen ha propiciado una tímida apertura económica interna, muy probablemente bajo influencia china, del rígido y aplastante sistema comunista implantado desde 1949. Otros sectores del establishment prefieren mantener el status quo actual, como elemento de supervivencia. En ningún caso se prevé una apertura política del régimen. Las facciones disidentes están o bien aplastadas o neutralizadas de forma calculada, con escaso margen de maniobra.

La diferencia es que, en esta ocasión, tomando en cuenta que la eventual muerte de Kim muy probablemente señalaría el final de la dinastía familiar en el poder desde hace más de siete décadas, es un asunto que podría provocar un efecto moral y psicológico en una población acostumbrada a esta dinastía en el poder, a las sucesiones pactadas en palacio y al absoluto culto a la personalidad de sus líderes como factor de cohesión de la dictadura totalitaria.

Sin un líder visible al mando tras la hipotética desaparición física del excéntrico Kim, Corea del Norte entraría en otra etapa, donde una dirección tutelada por los militares muy probablemente tomaría el poder. Es precisamente este escenario el que manejan los principales poderes mundiales. Trump y Xi Jinping, así como el ruso Vladimir Putin, preferirían más bien que Kim continuara en el poder, ya que el “dolor de cabeza” geopolítico que causaría una sucesión norcoreana sería un problema más en tiempos de coronavirus.

Washington tiene activados planes de cooperación militar con Corea del Sur y Japón para actuar inmediatamente en caso de crisis en la península coreana. China y Rusia tienen interlocución directa con el régimen norcoreano, pero sería más bien China el actor preponderante sobre qué es lo que podría ocurrir en Corea del Norte. Un ejemplo de esto ha sido la noticia de que Beijing ha enviado médicos de alto nivel a Pyongyang, la capital norcoreana, para atender los problemas de salud de Kim.

A pesar de la calculada apertura de Trump con Kim en 2018 y 2019, que llevó a históricas reuniones entre ambos líderes, lo que suceda en Corea del Norte es un apéndice estratégico de la confrontación geopolítica global entre EE.UU y China. Sea como sea, todo son misterios en el “reino” comunista más hermético y longevo del planeta.

Añadir nuevo comentario

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.