La “paz del siglo” de Trump

Un acuerdo para Palestina con mensaje a Maduro

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France24

Es la paz del siglo”. Fiel a su estridencia y grandilocuencia, así calificó Donald Trump el principio de acuerdo presentado este martes 28 de enero en Washington, orientado a concretar la solución de “dos Estados” entre Israel y Palestina.

Pero más allá de lo histórico, el acuerdo tiene obvios resortes geopolíticos para EE.UU. Como sucediera con el asesinato del general iraní Qossem Soleimani en Bagdad hace tres semanas, Trump da otro golpe efectista en política exterior en un 2020 electoralmente decisivo y con un impeachment en pleno curso.

El momento parece clave para Trump. Su gran rival geopolítico global, China, está demasiado ocupado por los efectos humanitarios causados por el brote del virus coronavarius, la neumonía que ya ha causado más de un centenar de muertes y que ya ha llegado a Europa y Canadá.

Por su parte, Rusia viene de ralentizar su hasta ahora casi hegemónica posición en el espacio de Oriente Medio y el Mediterráneo, con una paz en Libia que no calza completamente con sus intereses y que ha provocado roces con su aliado Turquía, país miembro de la OTAN. E Irán aún está en conmoción tras el golpe sufrido con la caída de Soleimani, las tensiones con EE.UU y las críticas internacionales por el derribo del avión ucraniano.

Objetivo 1: el amigo israelí

Trump tenía un as bajo la manga y Palestina, símbolo histórico de conflictos en Oriente Próximo, parecía darle una salida. Por ello, el acuerdo parece, más bien, una especie de ultimátum por parte de Trump, ansioso por alcanzar logros en política exterior que eventualmente aseguran su capital político interno.

Su mediador en la región es su yerno, Jared Kushner, recibido con recelo por palestinos y el mundo árabe e incluso dentro del Departamento de Estado en Washington. No obstante, este acuerdo parece llevar el sello personal de Kushner.

Acompañado por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, Trump habló de “oportunidad histórica” y de “última oportunidad que tendrán para la paz”. Con ello, calculó con destreza los tiempos y el momento oportuno para anunciar este acuerdo, toda vez el mundo está observando la celebración del 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz (Polonia), coincidiendo con el Día Internacional de la Conmemoración del Holocausto.

Paralelamente, Trump calcula con exactitud cómo puede quedar el mapa geopolítico en Oriente Próximo si este acuerdo, finalmente, logra cristalizarse. Y para ello necesita dejar bien parado a su principal aliado regional: Israel.

Netanyahu, principal aliado regional de Trump, se somete a principios de marzo y por tercera vez en menos de un año a unas nuevas elecciones generales donde puede quedar definitivamente fuera del poder.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, está en edad avanzada y la dirigencia palestina necesita una renovación. Siria es una especie de protectorado ruso donde Irán ha perdido incluso capacidad de maniobra, toda vez Líbano e Irak están en calma tensa tras el golpe de Trump a Irán con la caída de Soleimani.

Con esto, el tema palestino estaba prácticamente estancado, sin aparentes posibilidades de reactivarlo. Hasta que Trump lo metió en la agenda global de forma inesperada, en una maniobra tan calculada como efectista.

Esto se traduce en el propio título del acuerdo, “The Vision”. Trump avizora el futuro de Estado palestino bajo una especie de tutela israelí, que comprendería los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, conectados por túneles con el valle del Jordán pero éste bajo el control militar israelí. El acuerdo, por tanto, tiene todos los visos de complacer las exigencias de Netanyahu y del entramado político-militar israelí toda vez los palestinos muestran un contexto de debilidad política.

“The Vision” congela durante cuatro años la construcción de nuevos asentamientos para poder dar curso a la solución de los “dos Estados”. No obstante, pide a las autoridades palestinas el reconocimiento de Jerusalén como capital única de Israel, descarta el desmantelamiento de los asentamientos que ya existen y establece la consideración de Israel como Estado judío. Aspectos que difícilmente serán aceptados en su totalidad por parte de los palestinos, pero que pueden posibilitarse debido a la realpolitik y las incertidumbres y los claroscuros del contexto en Oriente Próximo.

A cambio, Trump promete un plan de inversiones valorado en US$ 50.000 millones de dólares durante 10 años para fomentar lo que ha denomiado como “la prosperidad”. Una prosperidad que no parece convencer a los palestinos. Este monto de inversiones se repartiría entre los territorios de Gaza y Cisjordania y países vecinos como Jordania y Egipto.

En perspectiva, el acuerdo de Trump beneficia ampliamente a su aliado israelí, con la intención de neutralizar cualquier acción contraria. En este sentido, la ANP deberá reconocer a Israel como “Estado judío”, una ambición histórica de Netanyahu y del establishment político y militar israelí, ya condicionado con el proyecto lanzado en 2010 por el propio Netanyahu de asegurar las “fronteras históricas” del Estado de Israel.

Al mismo tiempo, este acuerdo estipula que el movimiento islamista Hamas deberá entregar las armas y desmilitarizar la Franja de Gaza, territorio donde mantiene su poder hegemónico. Finalmente, el asunto de garantizar a Jerusalén como la capital bajo soberanía isrelí, con apertura religiosa a todos los credos, es un punto espinoso que los palestinos difícilmente aceptarán, al menos sin condiciones previas.

Objetivo 2: Irán y Rusia

“Los palestinos están en la pobreza y la violencia, explotados por aquellos que buscan usarlos como peones para promover el terrorismo y el extremismo. Se merecen una vida mucho mejor”, dijo Trump, en una claro mensaje dirigido a Irán, patrocinador de grupos islamistas armados palestinos como la Yihad Islámica, Brigadas de Mártires de Al Qods y, con apoyo más bien político, Hamás.

Tanto como a Irán, el acuerdo en Palestina tiene otro objetivo en mente: neutralizar la posición de Rusia en Oriente Próximo. Una posición ascendente desde su entrada en el conflicto sirio en 2015.

Putin ha logrado hilvanar una heterogénea alianza con Turquía e Irán que ha permitido una especie de pax rusa en Siria. A esto debe unirse la posición de China, a grandes rasgos condescendiente con los imperativos geopolíticos de Putin. Esta especie de “eje euroasiático” manejado desde el Kremlin es el objetivo colateral que Trump busca neutralizar con este acuerdo en Palestina, intentando así recuperar la iniciativa de Washington en la región.

El acuerdo prevé la solución de “dos Estados”, uno israelí y otro palestino, ya observado en los Acuerdos de Oslo de 1993, hoy escasamente viables. No obstante, Trump sigue apoyando las iniciativas israelíes de apoderarse de colonias judías en Cisjordania, algo que obviamente irrita a los palestinos.

El acuerdo de Trump prevé la capital palestina en Jerusalén Este, donde Washington ya tiene su embajada al cambiarla hace casi un año desde Tel Aviv. En ese momento, algunos analistas árabes lograron prever, con aparente certitud, que la embajada estadounidense en Jerusalén Este podía presagiar la posibilidad de que allí se concretara la capital del futuro Estado palestino.

¿Y Venezuela?

Otro escenario colateral del acuerdo de Trump en Palestina es precisamente Venezuela. La necesidad de aislar aún más al régimen de Nicolás Maduro es un imperativo geopolítico para Washington, tomando en cuenta que el acuerdo de Palestina deja preventivamente en “fuera de juego” a los dos grandes aliados de Maduro: Rusia e Irán, beneficiando a dos de sus enemigos: EE.UU e Israel.

La exitosa gira internacional del presidente encargado Juan Guaidó deja a Maduro en una posición aún más decaída. Precisamente, la gira exterior de Guaidó amplió las expectativas de Trump por aislar aún más a Irán y sus aliados, en este caso Venezuela. Por otro lado, la Unión Europea está enfocada en las ambigüedades del gobierno español de Pedro Sánchez tras el rocambolesco “Delcygate”.

Este acuerdo, aún incierto porque necesita ratificarse precisamente por parte palestina, deja a Maduro con menos margen de maniobra, mucho más dependiente de lo que decida Putin desde Moscú.

En este sentido, resulta poco probable que Putin intente una maniobra dilatoria y sorprendente porque, precisamente, el presidente ruso se ha constituido en los últimos tiempos, y gracias a su intervención en Siria, como el único actor en Oriente Próximo con capacidad de interlocución con todos los actores involucrados en la región, la mayoría rivales y enemigos entre sí, como son los casos de Israel e Irán.

En menos de un mes, Trump ha logrado tres éxitos en política exterior enfocados en cercar a Maduro: neutralizar a Irán con la muerte de Soleimani; asegurar la gira exterior de Guaidó; y ahora este acuerdo en Palestina. En los tres, directa o indirectamente, Trump ha tenido en mente la suerte de Venezuela.

 

 

 

 

 

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