Biden, el AUKUS y China

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 02/10/2021
Propietario de la imagen: El Mundo (España)

La post-pandemia anuncia la nueva geopolítica global

La retirada de EE.UU de Afganistán en agosto pasado está persuadiendo a Washington a realizar inmediatos reordenamientos en sus prioridades geopolíticas globales. En este sentido, la administración de Joseph Biden parece dar continuidad a una serie de iniciativas estratégicas enfocadas en el Indo-Asia-Pacífico, cuyo foco ya fueron elaborados por las anteriores administraciones de Barack Obama (la iniciativa "Pivot to Asia") e incluso por parte de su antecesor Donald Trump, con su alianza estratégica con India.

En este sentido, el acuerdo AUKUS firmado por EE.UU, Gran Bretaña y Australia el pasado 15 de septiembre, que define un pacto militar y de seguridad entre estos países con el foco fijado en contener a China y su esfera de influencia en Asia-Pacífico, confirma el enfoque estratégico prioritario de Washington en esa región, augurando la posibilidad de una "nueva guerra fría" para EE.UU, en este caso con China, así como la eventualidad de una carrera armamentista en Asia.

¿Adiós al atlantismo y la OTAN?

Pero volvamos al AUKUS. Súbitamente y ante la sorpresa de los miembros de la OTAN, en especial de aquellos que forman parte de la Unión Europea, apareció el AUKUS, acrónimo que define una especie de pacto "anglosajón" de defensa acordado el pasado 15 de septiembre entre EE.UU, Gran Bretaña y Australia.

Tras la retirada estadounidense de Afganistán, quedaba claro que el presidente Biden precisaba de una estrategia  convincente para mantener inalterables los intereses del complejo militar e industrial estadounidense. Así, el AUKUS tiene un objetivo estratégico clave: la contención de China. Washington sabe que Beijing es la principal amenaza a su hegemonía global, aunque la misma esté cada vez mas contrarrestada.

Tras la retirada estadounidense de Afganistán, quedaba claro que el presidente Biden precisaba de una estrategia que convincente para mantener inalterables los intereses del complejo militar e industrial estadounidense

El AUKUS pone ahora el foco en la viabilidad de la OTAN y de la denominada Alianza Atlántica. Europa rechazaba a Trump precisamente por su reticencia a mantener compromisos con la OTAN. Pero hoy con Biden, Bruselas parece darse de bruces con la realpolitik: Washington parece anunciar que prescinde de su histórico compromiso con la OTAN, un organismo heredero de la "guerra fría" que, al desintegrarse la URSS y desaparecer el bloque socialista en Europa del Este, ha perdido buena parte de su razón de ser.

En el actual sistema de "post-guerra fría", la Rusia de Vladimir Putin ha heredado de alguna forma esa condición que antaño tenía la ex URSS para perpetuar esa razón de ser de la OTAN. Moscú mantiene inalterables sus intereses geopolíticos en su esfera de influencia euroasiática ex soviética, pero también cada vez más fuera de esas fronteras, en especial Oriente Próximo (Siria) y también América Latina (Venezuela, Cuba, Nicaragua)

No obstante, Washington interpreta que la clave del poder global del siglo XXI mudó hace tiempo del Atlántico a los mares del Indo-Asia-Pacífico. Así, el AUKUS asesta un indudable toque de atención operativa para la OTAN.

Golpeado en su imagen pública interna tras la retirada de Afganistán, Biden no tardó en presentar sus prioridades geopolíticas. El contexto "post-Afganistán" obligaba a actuar rápidamente con un "golpe de efecto" de gran nivel estratégico, en este caso a través del AUSKUS.

Por ello, Biden manejó una serie de factores entre los que destacan la consolidación del Brexit, afirmando con ello un acercamiento del "eje anglosajón" entre Washington y Londres, ampliado ahora en perspectiva global con Australia a través del AUKUS. Pero también está el final de la era de Ángela Merkel al frente de la Cancillería alemana (elecciones generales del 26 de septiembre) como también como principal líder de la Unión Europea, que traduce un cúmulo de incertidumbres sobre cuál será ahora el rumbo que tomarán Berlín y Bruselas.

Tampoco debemos olvidar la consolidación del sistema de poder Putin en Rusia, el eterno "enemigo de la OTAN", tras unas elecciones legislativas (17-19 de septiembre) que reafirman el status quo del Kremlin, a pesar de la subida del Partido Comunista en la Duma o Parlamento. De aquí al 2024, cuando se celebren elecciones presidenciales tanto en EE.UU como Rusia, Biden interpreta que Putin seguirá al frente del Kremlin, lo cual prolongaría las tensiones ruso-estadounidenses y, por consiguiente, con la OTAN.

Incluso se podría incluir en este eje de factores de Biden la inesperada caída del gigante inmobiliario chino Evergrande, que tendrá serias consecuencias para la economía global, el cual puede incluso convertirse en un factor  probablemente en mente cuando Biden certificó el nacimiento de la AUKUS.

En este sentido, la caída de Evergrande, que algunos analistas han llegado a comparar con la crisis económica en Occidente en 2008 acaecida tras el desplome de Lehman Brothers, podría ser interpretado por Washington como una posible etapa de debilidad o de recesión económica para China en sus expectativas de expansión global.

El único frente discordante para Biden es Francia, en particular el presidente Emmanuel Macron, quien reaccionó airado al AUKUS, retirando sus embajadores en Washington y Camberra. Se habla de acuerdos militares millonarios que pierde París en Asia-Pacífico a favor de Washington con este "pacto anglosajón".

Pero para París, y particularmente Macron, el foco está en cómo los intereses geopolíticos franceses quedan golpeados por el AUKUS. No sería descartable que, ya sin Merkel al frente de la Cancillería alemana, Macron intentara sustituir ese liderazgo alemán dentro de la Unión Europea y, por consiguiente, como otro eje de poder dentro de la OTAN, de la que Francia se retiró de su mando militar en 1966 aunque ello no provocara una ruptura en sus compromisos con la Alianza Atlántica.

Si bien la UE ha mostrado su respaldo a París en esta crisis atlántica provocada por el AUSKUS, Bruselas busca también la distensión franco-estadounidense. Pero no se ve persuadida a secundar a Washington en esa estrategia asiática. Europa recela de la posibilidad de apoyar vía OTAN a EE.UU ante la posibilidad de una "neo-guerra fría" con China.

Por su parte, Biden intenta ahora equilibrar los efectos provocados por el acuerdo, pero sin descuidar que su prioridad estratégica y el pulso de poder se juega en Asia-Pacífico. En este escenario, China tiene esferas de influencia enormes y diferendos marítimos con varios países, sin olvidar el siempre latente tema de Taiwán así como el de Hong Kong, desde 1997 bajo soberanía china.

Así, el equilibrio estratégico de Washington pasó de degradar la importancia que la administración de George W. Bush hijo le dio a Asia Central (guerra de Afganistán de 2001) y Oriente Próximo (guerra de Irak en 2003 y contención al programa nuclear de Irán) a favor de sus aliados asiáticos y oceánicos, en este caso Australia, Japón, India y Corea del Sur. Gran Bretaña, el "primo anglosajón" de EE.UU, entra también en la ecuación como soporte estratégico.

En esta perspectiva podría especularse con que, tras la retirada estadounidense de Afganistán, Washington se convenza de su incapacidad de manejar esferas de influencia en el escenario euroasiático donde tiene mayor peso el eje China-Rusia-Irán, al que podría levemente incluirse a Turquía, estratégico miembro de la OTAN desde 1952.

En este espacio euroasiático desde Asia Central hasta Europa Oriental pasando por Oriente Próximo, Washington podría interpretar ahora otra realidad, menos prioritaria: mantener su apoyo a aliados geopolíticos como Israel, Arabia Saudita y Ucrania, pero sin que esas alianzas alteren la prioridad estratégica establecida en el Indo-Asia-Pacífico.

¿Será esto el final de la OTAN y del "atlantismo"? Por muy prematura que sea esta percepción, el AUKUS parece dictar un parteaguas en la Alianza Atlántica. El mensaje de Biden a Europa es claro: Washington ya no está para garantizar incondicionalmente la defensa atlantista y europea. Esta era la idea de Trump tan temida y odiada en Europa pero Biden, por quien Bruselas apostó para reconducir la relación trasatlántica, salió incluso mas reticente para los intereses europeos.

Ante el "desprecio" de Washington, ¿dará la UE e incluso una OTAN ahora quizás más "europeizada" un golpe de timón inesperado, reconduciendo sus tensas relaciones con su enemigo histórico ruso, propiciando así una especie de disuasión preventiva entre Bruselas y Moscú? No sería descabellado enfocar ahora en esa posibilidad de distensión en las relaciones ruso-europeas como consecuencia colateral del AUKUS.

Ante el "desprecio" de Washington, ¿dará la UE e incluso una OTAN ahora quizás más "europeizada" un golpe de timón inesperado, reconduciendo sus tensas relaciones con su enemigo histórico ruso.

El creciente peso del eje euroasiático liderado por China con apoyo ruso ya se evidenció en la reciente Cumbre de Cooperación de Shanghai celebrada el pasado 17 de septiembre en Dushanbé (Tayikistán), donde se incluyó a Irán como miembro pleno. Ante la tensión transatlántica con Washington y su prioridad en Asia-Pacífico, Europa podría girar inesperadamente su perspectiva geopolítica hacia un mayor entendimiento con este eje euroasiático.

El creciente peso del eje euroasiático liderado por China con apoyo ruso ya se evidenció en la reciente Cumbre de Cooperación de Shanghai celebrada el pasado 17 de septiembre en Dushanbé (Tayikistán), donde se incluyó a Irán como miembro pleno.

Lo único que parece cierto es que el AUKUS vino para alterar el equilibrio estratégico entre el Atlántico y Asia-Pacífico. Es, por tanto, un fait accompli dictado por la realpolitik estadounidense y un mensaje para Europa de que debe replantearse su peso e influencia en el nuevo sistema mundial del siglo XXI.