Crónica de un golpe anunciado

El brutal asalto usurpador a la Asamblea Nacional

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El Español

Estaba anunciado desde septiembre pasado. El régimen usurpador de Nicolás Maduro tenía un plan: iba a iniciar lentamente el asalto interno de la Asamblea Nacional tras el “pacto de Miraflores” con grupos opositores, una vez fracasaran los diálogos de Barbados y Oslo. El objetivo era el retorno del PSUV a la legítima Asamblea Nacional (AN) presidida por Juan Guaidó. Y así lo logró.

La brutal actuación el pasado 5 de enero en las inmediaciones del hemiciclo legislativo por parte de efectivos de la GNB impidiendo el ingreso de Guaidó y la mayoría de los diputados, que llevó a la ilegal e ilegítima proclamación de Luis Parra como nuevo presidente de la AN sin el quórum necesario y en ausencia del presidente vigente (Guaidó), certificó el alcance del plan del régimen usurpador: laminar por dentro la AN para hacerse con el poder a toda costa, utilizando el soborno, la corrupción y la intimidación de la fuerza bruta.

La ilegitimidad de este procedimiento quedó certificado por el inmediato rechazo de 47 países, desde EE.UU hasta la UE y el Grupo de Lima, por los brutales sucesos que, para algunos gobiernos, fue calificado como un claro “golpe de Estado parlamentario” por parte de Maduro. Ese rechazo incluso se efectuó por parte de gobiernos de izquierdas como el de López Obrador en México y Alberto Fernández en Argentina, más afectos a secundar las posiciones del usurpador de Miraflores. La presencia de embajadores extranjeros acreditados en Caracas, imposibilitados de ingresar en la AN como en el caso de Guaidó y la mayoría de los diputados opositores, certificó aún más la farsa “madurista”.

Pero el golpe, de algún modo, ha sido efectista, ya que los diputados “vendidos” por puñados de dólares del régimen para votar sin quórum a favor de Parra, ahora ocuparán las instalaciones del hemiciclo legislativo, con apoyo de los organismos de represión, aunque no tengan legitimidad. Una reproducción en la AN de la usurpación que existe desde hace un año en Miraflores. El propio Guaidó calificó los graves acontecimientos del 5 de enero como “el asesinato de la República”.

A pesar de ello, Guaidó lanzó un hábil golpe de efecto con su reelección con el apoyo de 100 diputados (necesita 84) como presidente de la legítima AN y como legítimo presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela. Tuvo que hacerlo a las afueras del hemiciclo. Pero el pulso de legitimidades incrementa la tensión política toda vez la usurpación se prorroga en todas las instancias de los poderes públicos. Ello reproduce la peligrosa “montaña rusa” en la cual está instalada la política venezolana.

Pero también está el contexto internacional. La atención está enfocada en la crisis de Trump con Irán, que toca directamente a Maduro. Con el asesoramiento cubano y ruso, el régimen usurpador aprovechó la situación para dar el golpe de Estado parlamentario, toda vez la Casa Blanca está demasiado ocupada en el régimen iraní.

La interminable investidura de Pedro Sánchez en España también era otro contexto que el régimen usurpador manejó indirectamente para alejar cualquier foco sobre Venezuela. Se da por descontando el gobierno de mínimos entre el PSOE y Unidas PODEMOS en La Moncloa, pero el (¿cómplice?) silencio de Sánchez sobre los graves acontecimientos en Venezuela incrementa todo tipo de conjeturas.

La continuidad de “realidades paralelas” en Venezuela manifestada en usurpaciones de facto, ahora impulsadas por la fuerza, contra la legitimidad representada en Guaidó prorroga la tragedia venezolana hacia una situación semejante a un “punto de no retorno”. Y está también el calendario electoral. El próximo 6 de diciembre de 2020 están previstas las elecciones para la AN que deberá tomar las riendas del período 2021-2026, por lo que resulta estratégico el control político de antemano. Y para ello, el régimen usurpador necesitaba apartar a Guaidó a toda costa.

Si la crisis iraní anuncia un tormentoso 2020, el “golpe de Estado parlamentario” de Maduro confirma que nos espera un año vertiginoso. Pero está por ver si quizás también estemos ante un final de ciclo producto de la “huida hacia adelante” de un régimen usurpador lastrado por la ilegitimidad y la crisis financiera. Con el "asesinato de la República" a través del golpe de Estado en la AN acaecido el pasado 5 de enero, Maduro cierra definitivamente cualquier opción válida y creíble de negociación. 

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