Del “Boliviagate” al “Delcygate”

La trama que acorrala a Pedro Sánchez

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República de las Ideas (España)

¿En qué extraño péndulo se mueve el gobierno de Pedro Sánchez? ¿Conoce los riesgos políticos del meollo en el que está metido? No ha cumplido ni siquiera un mes en el poder y ya se enfrenta a dos escándalos mayúsculos que tienen que ver con su aliado en La Moncloa, Unidas PODEMOS, y sus andanzas con el “chavismo” en América Latina.

Es un escándalo multiforme que va desde Bolivia hasta Venezuela, con escala en Madrid. Va de incidentes diplomáticos y de “madrugonazos” de misteriosas visitas. Es el peligroso péndulo que va del “Boliviagate” al “Delcygate”. Y las reacciones de Sánchez y su gobierno, contradictorias, poco esclarecedoras y para nada convincentes, son un signo preocupante porque atentan contra el Estado de derecho y la transparencia informativa.

¿A qué fue el ministro Ábalos al aeropuerto de Barajas, ya casi de madrugada, en un vuelo donde estaba Delcy Rodríguez? Ese es el misterio que hace estallar diversas conjeturas y especulaciones. Si Ábalos sabía, y era plenamente consciente, de que la vicepresidenta de Maduro estaba en la lista “top 25” de sancionados por la Unión Europea y EE.UU por violaciones de derechos humanos por parte del régimen usurpador de Nicolás Maduro, ¿para qué se expone en un acto que mezcla torpeza, soberbia e ingenuidad? ¿O es que había algo más?

Pero esta historia no habla solamente de Sánchez, Ábalos, Delcy Rodríguez o Pablo Iglesias, entre otros. El nombre de José Luis Rodríguez Zapatero aparece también en todas las cábalas. Desde el “Boliviagate” hasta el “Delcygate”. Porque en la capital boliviana, La Paz, el nombre de ZP aparece en turbios casos de financiamiento a PODEMOS, vía fundaciones y consultoras.

¿Por qué ZP sigue defendiendo a Maduro en cuanta entrevista televisiva aparece? ¿Por qué avala a Sánchez por no recibir a Guaidó? ¿Por qué su “silencio calculado” en el “Delcygate”? ¿Qué tienen en común todos estos escándalos? Porque en todas estas crisis, en perspectiva, aparece el sello de Zapatero, el que teje líneas entre Sánchez e Iglesias. Pero en este tejido, las costuras comienzan a deshilacharse y brotan por doquier.

Pedro Sánchez se somete a un descrédito a nivel internacional cuyos riesgos los puede pagar la democracia española y la estabilidad institucional. El tema catalán, cada vez más enrarecido, y los apoyos de sus socios independentistas vascos, vía Bildu y PNV, son otra carga que aumenta el descrédito.

¿Realmente es consciente Sánchez de las consecuencias de todos estos escándalos? Primero fue el “Boliviagate”. Ahora el “Delcygate”. ¿Cuál será el próximo?

 

 

 

 

 

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