EE.UU 2020. Cinco reflexiones

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 07/11/2020
Propietario de la imagen: El Comercio (Perú)

El futuro tras unas elecciones atípicas

Con el mundo en vilo ante el desenlace electoral presidencial en EE.UU, con un Joseph Biden virtualmente ganador y un presidente Trump negándose a reconocer la derrota, lo vivido esta semana con las elecciones estadounidenses dejan algunas reflexiones en el aire sobre el futuro de la aún considerada como la principal "superpotencia global".

Lo decía Jared D. Larson en nuestros conversatorios: "estamos en aguas desconocidas". Nunca antes EE.UU se había visto en una situación post-electoral tan tensa y preocupante. El ejemplo de la elección 2000 entre Bush y Gore ya se queda pequeño.

La clave es hoy cómo queda el sistema político y electoral, y cómo el establishment se ve desafiado por un liderazgo populista electoralmente derrotado pero con notable capacidad de maniobra política.

1. Trump: populismo "Made in USA"

Esta no ha sido una elección entre Trump y Biden. Y quizás tampoco entre republicanos y demócratas. El pulso electoral ha sido entre "trumpistas" y "anti-Trump", lo cual determina la clave que se ha instalado en la política estadounidense con el "fenómeno Trump". Él ha logrado polarizar al país de una forma casi tan similar a la de Chávez en Venezuela.

Esto da a entender que el "trumpismo" vino para quedarse, al menos por un tiempo, incluso perdiendo la presidencia. Ha dejando semilla política, con nuevas caras electas para el Congreso como Marjorie Taylor Greene, reconocida "trumpista". Es el efecto que ha causado un Trump que imprime un nuevo estilo político, populista y demagogo, utilizando la polarización como instrumento político, soberbio y directo hasta llegar a lo grotesco, incluso "seudo-religioso", anti-establishment y fuera de lo "políticamente correcto".

El mapa político estadounidense se ha visto sacudido por la impronta del magnate ya prácticamente ex presidente. Su discurso ha calado en clases sociales y raciales (blancos de clase media afectados por la crisis) y espacios geográficos (una "marea roja" de votos desde el norte y el centro al sur de EEUU) Ha subido en número de votantes con respecto a 2016.

El "efecto Trump" penetra e incluso parece condicionar la capacidad de maniobra del clásico bipartidismo estadounidense entre republicanos y demócratas. Es cierto que su perorata de acudir a tribunales para impugnar el resultado le ha dejado prácticamente solo en cuanto a un apoyo oficial por parte del Partido Republicano, pero no tan desasistido ni impopular como parece.

Aquí viene otra clave: el efecto que el populismo "trumpista" pueda generar a futuro en la política y la sociedad en EE.UU. Su actitud la noche electoral también genera inquietud porque puede suponer un referente para futuros políticos. O quizás no. Negarse a aceptar los resultados, salir a las 2:30 am en pleno conteo de votos diciendo que fue el ganador y que había un fraude en marcha, sin aportar pruebas contundentes, dejan a Trump en una situación compleja, atrapado en su propia soberbia.

El partido Republicano comienza a darle la espalda, pero es posible que el "trumpismo" sobreviva fuera del partido. No es por tanto descartable que EE.UU asista a una especie de populismo "made in USA", muy similar al fenómeno peronista en la Argentina. Y habrá que ver cómo es la actuación de este populismo "trumpista", con o sin Trump, en futuras elecciones.

2. El fiasco de los mass media

Las grandes cadenas informativas de EEUU, como CNN, ABC, NBC, así como grandes medios extranjeros, fracasaron estrepitosamente en la dimensión de sus cábalas electorales. Todos ellos daban por descontada una cómoda victoria de Biden, pero la realidad fue más inquietante porque Trump logró remontar y generar ciertas dudas sobre lo que estaba sucediendo con el recuento de votos.

Toda vez la guerra entre Trump y los mass media ha sido notoria, éstos menospreciaron la capacidad de recuperación de Trump, apostando por un Biden a quien le daban hasta diez puntos porcentuales por encima de Trump. Y es que, en estas elecciones, ni siquiera crisis sanitarias tan graves como la COVID 19 (EE.UU lidera la lista de muertos con 234.000 fallecidos) ni las protestas raciales de verano, le han terminado pasando una factura tan contundente a Trump ni tampoco exactamente han beneficiado a Biden.

La actitud de esas cadenas mediáticas censurando un discurso de Trump mientras se realizaba el reconteo de votos en estados clave como Pennsylvania también genera polémica y preocupación sobre la transparencia informativa y la evidente inclinación política de esos medios en estas elecciones.

Del mismo modo, muchos sectores políticos, principalmente de izquierdas, dentro y fuera de EE.UU, han demostrado una actitud silenciosa, rayando en el cinismo y la complacencia, ante la guerra mediática contra Trump. Muy diferente por cierto a las críticas que esos mismos sectores habían realizado con anterioridad precisamente hacia esas cadenas, cuando les tocaba realizar el tratamiento mediático hacia líderes izquierdistas como Chávez y Evo Morales.

Esa "guerra mediática" contra Chávez y Evo fue constantemente denunciada por esos sectores de izquierdas. Pero, en el caso de la guerra mediática contra Trump, el silencio cómplice de estos sectores ha sido notorio. Había en estos sectores mediáticos y políticos una especie de necesidad imperativa por que Biden le ganara a Trump. La doble vara de medir también se aplicó en estas elecciones en EE.UU.

3. Un tenso pero inevitable reequilibrio del poder

Con Biden virtualmente presidente y Trump acudiendo al Tribunal Supremo, EEUU se encamina a un tenso reequilibrio del poder. Los demócratas mantienen su mayoría en el Congreso mientras los republicanos controlan el Senado. Pero las distancias se acortan.

Este aggiornamento o reacomodo político e institucional definirá qué tan estable será el próximo período de gobierno y su consistencia de cara a la próxima cita electoral en 2022, el denominado mid-term, cuando deba renovarse la totalidad del Congreso y un tercio del Senado.

Demócratas y republicanos parecen verse persuadidos a estrechar lazos con la finalidad de recuperar el peso del establishment y del estilo "políticamente correcto" que garantice la estabilidad institucional, ante la tormenta provocada por el "huracán Trump" en el sistema político e institucional estadounidense pero también en parte de su cultura política.

Estamos por tanto ante una posible reacción del establishment bipartidista ante el posible avance y consolidación del "trumpismo" en varios espacios políticos y sociales en el país. Este es el pulso que puede definir varias de las variables políticas que se le presentan a EE.UU en los próximos años.

4. La reforma electoral. ¿Esta vez sí?

La posibilidad de una reforma electoral en EEUU es el gran tema cada vez que hay elecciones presidenciales. Pero al final, sólo queda en debate público y conjeturas. Este debate tuvo su mayor énfasis tras las elecciones de 2000 con Al Gore y George W. Bush hijo, decididas un mes después por un puñado de reconteo de votos de un condado de Florida.

Desde entonces, las presiones por reformar el sistema electoral estadounidense, eliminando la preponderancia del Colegio Electoral sobre los votos populares, han sido de algún modo intensas pero calculadas. Pero la tensión e inquietud electoral 2020 puede que abra el camino para posibles reformas, que deberán pasar por los poderes legislativo y judicial.

Un foco importante estuvo en el voto por correo, muy vilipendiado por Trump. Es muy probable que se intensifiquen las demandas para profesionalizar aún más el sistema electoral y otorgarle mayor peso a los votos populares por encima del Colegio Electoral. Las escenas de tensión y un mundo en vilo a la espera de los resultados en determinados estados como Pennsylvania, Arizona y Nevada puede suponer una especie de lección para, al menos, proponer ese debate de reforma electoral.

Habrá que ver si es realmente factible que la reforma del sistema electoral sea una posibilidad y que tenga incidencia de cara a las próximas elecciones presidenciales de 2024. Aunque esta posibilidad dependerá de muchos factores, en particular la evolución de la cultura política estadounidense, de clara vocación descentralizadora y ya acostumbrada a la preponderancia del Colegio Electoral.

5. Un país polarizado...pero aún poderoso

El nivel de polarización política post-electoral en EEUU nunca había llegado a un nivel tan elevado. Y esto se ha reflejado en las calles, con protestas y manifestaciones de grupos "trumpistas" y "anti-Trump".

A esto deben sumarse la aparición de grupos como Black Live Matters, de movimientos antisistemas e izquierdistas como "antiFA" y de algunas especies de milicias "trumpistas", muy jalonadas por lobbyes armamentistas muy poderosos en EE.UU. Los disturbios y la violencia en las calles que se han vivido en los últimos meses también definen un panorama de conflictividad in crescendo.

El ex espía ruso Daniel Estulín advirtió meses atrás que EEUU se deslizaba peligrosamente a una especie de "guerra civil". Por otro lado, el experto en geopolítica Bruno Maçaes ha sorprendido en su último libro con la posibilidad de que, a pesar de las perspectivas de declive de EEUU a nivel internacional, el factor Trump pareciera imprimir un aire de reconfiguración identitaria en la sociedad estadounidense, con expectativas de reconducir su papel a nivel global. Más allá de la validez de estas interpretaciones, el asunto clave es que esta elección 2020 sí parece anunciar una nueva etapa para EE.UU.

Mientras la polarización gana terreno en EEUU, el ascenso de China en el escenario global anuncia una nueva guerra fría entre Washington y Beijing. Ese será un reto ineludible para el próximo inquilino en la Casa Blanca, con la mirada puesta en un Biden cuya política hacia China es incierta. Pero también está el siempre difícil reto de la reconciliación nacional en EE.UU con el aparente fin de la "era Trump" en la Casa Blanca pero con el "trumpismo" aún presente.

Este contexto confirma porqué el 2020 abre una década decisiva en la configuración del poder global, con EE.UU y China moviendo los hilos .