El 11/S que nos cambió la vida

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 12/09/2021
Propietario de la imagen: CNN es español (EE.UU)

Veinte años de vertiginosos cambios para el mundo

Decía el famoso tango que "veinte años no son nada". Pero la retrospectiva obliga a pensar que estos veinte años desde el 11/S sí que son algo, más allá de conmemorar los atentados terroristas más grandes de la historia. Esa retrospectiva explica el dramático cambio que ha vivido el mundo desde entonces. Se impone por tanto una valoración de esas transformaciones que hemos vivido.

En primer lugar, el mito de la superpotencia estadounidense y del concepto de seguridad. El 11/S demostró que la superpotencia hegemónica, EE.UU, no necesariamente es el país más seguro del mundo ni el único inmune a una acción terrorista. En clave geopolítica, la seguridad se ha convertido desde entonces en una obsesión suprema para la Casa Blanca y esa sensación la ha querido transmitir Washington al mundo entero a través de su errática "guerra contra el terrorismo".

No obstante, desde entonces hemos observado una proliferación incesante de atentados terroristas en prácticamente todos los rincones del planeta, desde Europa hasta Australia, cometidos bien por grupos hábilmente organizados o bien por los denominados "lobos solitarios". Si algo nos enseño Al Qaeda el 11/S es que, para atentar, no son necesarias sofisticadas armas. Al Qaeda demostró que el terrorismo es elástico, que basta con una hábil maniobra para despistar y actuar. Pero la experiencia terrorista en estas dos décadas también nos demostró que el terrorismo no es solo yihadista sino que también lo hay de extrema derecha, anarquista, etc.

Irónicamente, el 11/S sepultó de un plumazo varios mitos latentes. EE.UU aprovechó el contexto para expandir su agenda prioritaria en la seguridad secundada por intereses geopolíticos globales hegemónicos que llevaron a dos guerras inmediatas (Afganistán en 2001 e Irak en 2003). Por su parte, Al Qaeda y su líder Osama bin Laden, asesinado tras busca y captura en 2011, alcanzó el 11/S su punto cumbre de poderío, asestando un golpe estratégico en el corazón de la superpotencia. Pero, curiosamente, ese punto cumbre del poder comenzó a perderlo tras el 11/S.

El 11/S también marcó el declive de Al Qaeda como cerebro mundial de la agenda yihadista, cuyo punto culminante fue el asesinato de Osama bin Laden en algún lugar entre Afganistán y Pakistán, tras una operación secreta de la CIA. El mundo post-11/S demostró que la multinacional terrorista se dividió y fueron apareciendo otros grupos, con el ISIS como quizás el más importante mientras éste mantuvo su control territorial entre Siria e Irak.

Tampoco desaparecieron los talibanes, más bien todo lo contrario. En 2001 fueron desalojados del poder en Afganistán para volver al poder en Kabul en 2021, justo 20 años después, asestando una humillante retirada para EE.UU cuyos efectos pueden ser incluso más grandes de lo que fue la guerra de Vietnam.

Tras el 11/S, cuando las expectativas anunciaban que Washington lanzaría a través de la guerra contra el terrorismo su agenda de poderío global, veinte años después observamos otro escenario: Washington se retira de Irak, Afganistán y del espacio euroasiático, cada vez más dominado por sus rivales hegemónicos globales, China y Rusia. El 11/S, por tanto, derrumbó el mito de la seguridad y del poderío de la superpotencia estadounidense. Pero la pregunta es: ¿es hoy el mundo más seguro?

El segundo aspecto se enfoca en cómo se puede violar la legalidad internacional en aras de una "guerra contra el terrorismo" de la que hoy en día ya nadie habla. El 11/S dio paso a mecanismos inaceptables en materia de derechos humanos como han sido Guantánamo y los vuelos ilegales de la CIA, llevando presuntos terroristas desde Afganistán e Irak y otros rincones del planeta para ser sometidos a torturas, revanchismos y vejámenes de todo tipo.

Todo ello sin olvidar que, a diferencia de la guerra de Afganistán en 2001, la de Irak en 2003, EE.UU y sus aliados, entre ellos Gran Bretaña y España, violaron las disposiciones legales del Consejo de Seguridad de la ONU para una intervención militar tan unilateral como ilegítima. En este aspecto, desde Bush hasta Biden, la Casa Blanca se ha visto atrapada en sus estrategias. Repitió mínimamente el experimento de Irak en la Libia de 2011 convulsionada por unas "primaveras árabes" hoy casi inexistentes. Es cierto que cayeron las tiranías de Saddam Hussein en Irak y de Muammar al Gadafi en Libia, pero la democracia que en 2004 Bush prometió desde Marruecos hasta Afganistán ha sido una falacia y otro craso error de la muchas veces miope visión geopolítica estadounidense.

En tercer lugar, el peso de los mitos establecidos en teorías conspiratorias que "explican" la realidad, algo que ha llegado a su clímax con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016. El 11/S circularon todo tipo de teorías conspiratorias mínimamente creíbles, como desde que Bush sabía de los atentados hasta la eterna "conspiración judía". El tratamiento de los mass media también ha contribuido a propiciar esta perspectiva de los mitos conspirativos.

trump

Donald Trump llegó a la Casa Blanca inaugurando un estilo populista y demagogo impensable antes del 11/S en EE.UU.

¿Y qué decir del efecto que siguen teniendo hoy esas teorías conspiratorias en el mundo de la pandemia del COVID 19? ¿Hemos aprendido algo? El 11/S metió el terrorismo en nuestras vidas pero también el peso de esas teorías conspiratorias en el imaginario global. El 2020 nos mostró que un virus de carácter pandémico puede poner patas arriba al mundo entero.

Y aquí los misterios siguen siendo notorios. Que si China sabía del virus y lo dejó "expandir" de un oscuro laboratorio en Wuhan para acelerar su agenda de dominio global. Que si a las farmacéuticas también les convenía el virus para vender nuevos fármacos. Incluso ruedan en las redes sociales supuestas declaraciones de altos cargos de organismos mundiales que, a través de una pandemia, se lograba reducir la población mundial y reconducir la economía global hacia otros intereses.

Y aquí venimos a un tercer aspecto: la información y el estado de la democracia a nivel mundial. El 11/S fue un parteaguas en un mundo profundamente globalizado, donde la información vuela en milésimas de segundo a través de nuevas herramientas de (in) o (des) formación, como son hoy en día las redes sociales. Los terroristas hoy saben muy bien el enorme poder de esas redes para difundir su mensaje. Y los grandes poderes mundiales lo saben aún más para expandir sus ganancias económicas y políticas.

Tras el 11/S nacieron Facebook, YouTube y todo tipo de redes sociales y aplicaciones de elevado nivel tecnológico que han cambiado nuestras vidas y acelerado el tránsito hacia un mundo digital. Su aparición probablemente era inevitable y no tienen estrictamente que ver con lo que sucedió el 11/S. Con todo, la pandemia actual ha acelerado esa realidad.

Ahora bien, ¿cómo ha influido este cambio en el camino hacia la digitalización del mundo y en la calidad democrática? Con más herramientas de información, ¿es hoy el mundo más libre y democrático que antes del 11/S? La respuesta es gris: el optimismo del Nuevo Milenio (2000), dos décadas después no es tan promisorio. Hay inquietud y preocupación sobre el futuro de la libertad y la democracia a nivel global.

Hoy asistimos a un revival de liderazgos autoritarios, populistas y demagogos que empezaron con Hugo Chávez en Venezuela en los albores de ese cambio de milenio y que hoy vemos desde Brasil hasta Hungría, sin olvidar que el "neo-autoritarismo" democráticamente competitivo ya se inauguró con Putin en Rusia a partir de 1999 y que ese autoritarismo efectivo con capitalismo de Estado funciona desde hace décadas en China.

Todo ello sin olvidar que EEUU, el paladín de la democracia como una vez lo llamó el ex presidente Franklin D. Roosevelt, tampoco escapó de esa tendencia populista: Trump ya no está en la presidencia pero ha dejado semilla.

Todo ello pone en entredicho un mantra que parecía irrefutable: tras la caída de la URSS en 1991, el neoliberalismo y la globalización liberal lograron imponerse, pero hoy se muestran desafiados y contrarrestados por una marea mundial de descontento, desde la derecha hasta la izquierda, difuminando muchas veces esos espacios ideológicos. Hoy muchos ciudadanos a nivel mundial parecieran sentirse más atraídos por esos "neo-autoritarismos" barnizados de modernidad, que parecieran dar soluciones más rápidas y efectivas que los complejos equilibrios de poder y de fiscalización que entrañan las democracias liberales. Veinte años después, el mundo de hoy es más moderno, más digital, inevitablemente más avanzado pero no exactamente mejor democráticamente hablando.

Por último, nos queda Venezuela. Todos recordamos el silencio inicial de Chávez tras el 11/S. Tardó dos días en hacer alguna declaración pública cuando el mundo se solidarizaba con EEUU. Y cuando habló lo hizo mostrando fotos de ataques militares estadounidenses en diversas partes del mundo, con víctimas mortales en la población civil. El 11/S selló oficialmente la ruptura de otro mantra que parecía inalterable: esa relación estratégica entre EEUU y Venezuela, vigente desde la II Guerra Mundial. Chávez cambió ese eje a favor de los rivales de Washington: Cuba, China, Rusia, Irán...

Veinte años después del 11/S, Chávez ya no está pero su legado llevó a la peor crisis humanitaria existente en el hemisferio occidental. Hoy somos más de seis millones de venezolanos fuera de nuestro país, para la ONU el 20% de la población total venezolana.

cha

Chávez y Fidel Castro en una imagen de sus encuentros en La Habana, con Fidel convaleciente en su enfermedad. El 11/S aceleró el viraje del chavismo hacia los rivales de EE.UU: Cuba, China, Rusia, Irán, entre otros.

El "clan de Miraflores" hoy negocia en México una salida electoral y política con una oposición que no ha sabido reconducir el hecho de que 60 países la reconocen como el único poder legítimo en Venezuela. El pacto de México puede traducir un hecho consumado que explica cómo Venezuela ha cambiado en estas dos últimas décadas. Y en eso, de alguna u otra forma, el 11/S también contribuyó a cambiar nuestras vidas.