El castellano: ¿Una lengua silenciada?

  • por Mary D. Villar
  • 21/11/2020
Propietario de la imagen: Ilustración

Golpe de estado lingüístico

Subvertir el orden constitucional está de moda en España, lo inaudito es menospreciar el idioma común y marginar a los alumnos que lo tienen como lengua materna gracias a una reforma de la ley educativa que priva al castellano de su condición de lengua vehicular en España.  Así pues, las competencias lingüísticas de un alumno podrían acabar frustrándose y por qué no decirlo hasta desconociendo su propia lengua.

El respeto a los derechos lingüísticos de las familias ha sido ultrajado y los ciudadanos se sienten indefensos.

El español no es, sin embargo, un idioma que sirva para trazar fronteras ni para blindar identidades.  El español es una lengua abierta al mundo, en plena expansión que vincula y estrecha a numerosas naciones como es el caso de Iberoamérica.  Es una lengua hecha para tender puentes.

Hasta ahora los españoles en concreto podían sentirse doblemente afortunados puesto que, por una parte, contaban con una lengua común que ocupa el segundo lugar del mundo en número de hablantes nativos y al mismo tiempo por su riqueza cultural que proporciona el hecho de contar con otras lenguas tan españolas como el gallego, el euskera, el catalán o el valenciano.  De esto ha hecho balance positivo las cuatro primeras décadas de democracia constitucional que ahora de un plumazo se han querido cargar con la enmienda a la ley de educación a través de la denominada Ley Celaá.

No es un secreto que el español es ya una de las lenguas que están creando globalización con sus más de 500 millones de hispanoparlantes.

El inglés es la gran lengua de comunicación, la lengua franca de nuestro tiempo, pero no todos los que leen y escriben en inglés no sueñan ni crean belleza en ese idioma, mientras los que hablan español están mejor predispuestos para sentir y pensar naturalmente esas cualidades creativas en nuestro idioma.

De manera que nos encontramos ante un desafío, la Ley Celaá,  como nunca antes visto dejando en evidencia que los que nos gobiernan no afrontan el futuro con voluntad de gobernar la globalización, no valoran al español como lengua de creación y mucho menos su capacidad de integración y cuando hablamos de integración nos referimos a aquella que va desde la integración política interna hasta la integración con los emigrantes.  

Ante este panorama se podría concluir que una lengua silenciada, la corta visión política del oportunismo, las ansias de poder de un gobierno pandémico y mentiroso quebrarán las oportunidades históricas de un porvenir de paz y de progreso.