El eje de la represión

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 13/07/2021
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Convulsión y métodos represivos en Cuba, Nicaragua y Venezuela

Las últimas semanas revelan el verdadero rostro de lo que está sucediendo en el otrora "eje del ALBA", hoy convertido claramente en el "eje de la represión". Son estos los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, que viven horas convulsas donde la activación de los mecanismos autoritarios comienzan a provocar tensiones y rebelión social, tal y como se observa en el caso cubano.

El régimen cada vez más dictatorial con rémoras "somocistas" instaurado desde el 2006 por el matrimonio Ortega-Murillo en Nicaragua está allanando el camino para una farsa electoral en las presidenciales previstas para noviembre próximo, deteniendo en las últimas semanas a seis líderes de la oposición. EE.UU acaba de restringir visados a funcionarios nicaragüenses en protesta por esta represión contra disidentes y candidatos presidenciales.

En Venezuela, una surrealista guerra entre bandas delictivas y organismos de seguridad del Estado, entre los que destaca el infame FAES, han dejado a Caracas en vilo durante casi una semana. Toda vez, el régimen de Maduro intenta "lavar su cara" ante la comunidad internacional con una incierta negociación con la oposición, con vistas en las elecciones regionales y municipales de noviembre próximo.

Fiel a su estilo, el régimen madurista no olvida su verdadera naturaleza represiva, con la detención del opositor Freddy Guevara y el conato de detención contra Juan Guaidó, violentando incluso su domicilio, son síntomas de que algo está sucediendo dentro de los resortes de poder establecidos en ese eje de la represión La Habana, Caracas y Managua que defina la posible coordinación de esos mecanismos represivos.

A esto hay que añadirle la inédita y masiva ola de protestas que desde el pasado 11 de julio está viviendo Cuba, harta del inmovilismo, la represión de la dictadura y la perenne crisis socioeconómica, agravada ahora por la pandemia.

De forma espontánea y sin liderazgos definidos, una veintena de ciudades y localidades de la isla caribeña se han alzado contra el régimen castrista, cuyo presidente "delfín", Miguel Díaz-Canel hizo gala de la naturaleza "estalinista" del régimen cubano, llamando a los "verdaderos revolucionarios" a "combatir" incluso basculando la posibilidad de una "guerra civil".

Los milicianos y esbirros del régimen, vestidos de civil, apalean y detienen a manifestantes y activistas, en una ola de represión que no se veía desde el "Maleconazo" de 1994 y la breve Primavera de 2003.

Mientras, la administración Biden y la Unión Europea, siempre persuadidas a buscar soluciones electorales a crisis políticas motivadas por regímenes dictatoriales, se encuentran en una especie de laberinto que acrecienta la falta de efectividad real de sus medidas, combinando críticas y sanciones con canales de diálogo, vía Noruega y "testaferros" de esos regímenes como es el caso de Zapatero, en los que muy pocos creen.

No menos preocupante es el contexto español. Las crisis dentro del eje de la represión Cuba-Venezuela-Nicaragua ocurre con una tectónica reforma dentro del gobierno de coalición de Pedro Sánchez, que lo deja con escaso (por no decir nulo) margen de maniobra.

En esta reforma en La Moncloa destacan la salida del gobierno de dos nombres que tienen que ver con Venezuela y este eje: José Luis Ábalos, salpicado entre otras cosas por el Delcygate y quizás el Plus Ultra; y Arantxa González Laya, sustituida por la crisis con Marruecos y el Sáhara, dejando al ministerio de Exteriores español en pleno trance y aparentemente inmóvil para reaccionar ante lo que está sucediendo más allá del Atlántico.

No sabemos cómo terminará la legítima rebelión cubana contra la dictadura castrista. Quizás es más previsible qué pasará en Nicaragua, que corre el riesgo de un aislamiento mayor. Igual que el drama venezolano, con visos de convertirse en un "Estado fracasado". Con todo, el dominó geopolítico sigue siendo clave: si cae Cuba, la pieza estratégica que maneja los resortes de este eje, sus efectos serán inmediatos en sus satélites venezolano y nicaragüense.

A todo esto, cabe preguntarse qué harán los aliados externos de ese "eje de la represión", en particular Rusia, China e Irán, cada vez más observados como el nuevo "eje del mal" para el "eje atlantista" EE.UU-Unión Europea-OTAN.