El ”Estado de alarma”, ¿será entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?

Crisis en el gobierno por el coronavirus

pedro
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El Independiente

El coronavirus ha sido el inesperado actor que ha irrumpido en la política española. Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la pandemia global tiene ya su epicentro en Europa, en España se juegan las cábalas para saber si lo que aquí está sucediendo es una reproducción de lo acontecido en Italia cuando allí empezó la crisis del COVID-19.

Muchas informaciones consideran que Italia, con miles de muertos e infectados, está actualmente en el “nivel Wuhan” que tuvo China en enero, cuando se originó el pico máximo de la crisis. Y que España, hoy, está en el nivel de Italia hace un mes. Los augurios, por tanto, no son muy halagüeños en cuanto a la expansión del virus.

Aquí, las informaciones persisten en que estamos en el nivel top de expansión, siendo este, el de marzo y abril, el período de mayor gravedad.

Ello motivó al Consejo de Ministros de hoy sábado 14 de marzo, considerado el más largo de la historia democrática española (seis horas). Y al mismo acudió el vicepresidente segundo Pablo Iglesias, sin mascarilla, saltándose la “cuarententa” que tiene a su pareja Irene Montero con coronavirus en casa.

No es el único caso en la política española de infección por coronavirus. Desde Abascal y Ortega Smith de VOX hasta Ana Pastor (PP) e Irene Montero (Unidas PODEMOS), siendo ésta la impulsora de la polémica ley de libertad sexual y del 8-M que aparentemente está erosionando la consistencia del gobierno de coalición. Incluso la propia esposa de Pedro Sánchez, acaba de ser diagnosticada con el virus. El coronavirus no entiende de ideologías políticas.

Pedro Sánchez lanzó este sábado 14 de marzo el “estado de alarma” por 15 días, pero se especula con ampliar a dos meses. El “efecto Italia” está muy presente en sus decisiones. Pero también las presiones desde diversos ángulos, que lo acusan de reaccionar tarde a la gravedad de la crisis.

Y más cuando desde Cataluña y el País Vasco le presionan políticamente para que estas medidas de emergencia no rompan el poder autonómico. El tamiz político en una crisis sanitaria que debería motivar a la unión política y estatal, por encima de los intereses. Con ello, Quim Torra y Urkullu lanzan un órdago a Sánchez que lo deja en una situación aún más delicada.

Los medios consideran que el decreto de Sánchez es moderado, sin suspender las autonomías. Este aspecto, el del conceder oxígeno al poder autonómico ante la crisis sanitaria, lo retrata como un político atado a esos pactos particulares.

Con ello, el presidente del gobierno de coalición asume la máxima responsabilidad en la aplicación del estado de alarma, junto a los ministros de Defensa, Interior, Transportes y Salud.

En este marco, no habrá nadie de PODEMOS. Algo debió salir de la bronca que recitan los medios, que se produjo entre Sánchez y Pablo Iglesias cuando éste llegó al Consejo de Ministros esquivando la “cuarentena” y exigiendo medidas privilegiadas de atención sanitaria. Sin mascarilla ni nada, incluso tocándose la nariz a escaso un metro de Sánchez.

La “troika” de Sánchez en este decreto de estado de alarma incluye a Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos y Salvador Illa. Irónicamente, un nuevo respiro para Ábalos, que con el coronavirus parece sepultar el “Delcygate”.

Grande-Marlaska tendrá la responsabilidad más compleja tras el órdago “autonomista” de Torra y Urkullu: deberá dirigir directamente todos los cuerpos policiales -Guardia Civil, Policía, Mossos d’Esquadra, Ertzaintza y Policías Locales- que pasarán a sus órdenes como ministro del Interior. ¿Aceptará así las presiones autonomistas de Urkullu e independentistas de Torra? Eso está por ver.

Por su parte, Sánchez, como jefe de gobierno, y el Rey Felipe VI, como jefe del Estado, tendrán bajo su responsabilidad la dirección de las Fuerzas Armadas en esta crisis. Aquí, en teoría, se cumple la prerrogativa establecida en la Constitución española.

Pero está por ver si la gestión de esta crisis dinamitará la confianza interna del gobierno de coalición, ya seriamente dañada por la ley de libertad sexual de Montero y las manifestaciones del 8M que han contribuido a disparar los casos de infección del coronavirus, cuando horas antes el propio gobierno sabía que esto era un riesgo y, sin embargo, se negó a suspender las manifestaciones.

Probablemente, esto no ocurrió para no irritar la alianza de la coalición con la militante posición de los “podemitas”. Aquí, la ideología y los intereses políticos sí imperaron sobre la salud pública. Y los resultados los estamos viendo ahora.

Pero los límites también existen. La bronca de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias hoy en el Consejo de Ministros da a entender la escasa confianza y fiabilidad de este gobierno de coalición. Las medidas de Sánchez evidencian que ha tenido que recurrir, o sucumbir, ante las presiones de sectores del PSOE que saben cómo se maneja el Estado, distanciándose de posiciones aventureras como las de Iglesias.

Y queda por ver si finalmente “se cierra Madrid”, algo que incluso el propio PP, en boca de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde madrileño, José Luis Martínez-Almeida, lo ven prácticamente como un fait accompli y muestran su predisposición a hacerlo, por el bien de la salud pública.

Y también está si las elecciones vascas y gallegas del 5A finalmente son suspendidas. Durante su anuncio del estado de alarma, Sánchez ya ha dado a entender que las respectivas comunidades autónomas, siendo estas Galicia y País Vasco, tienen potestad legítima para suspenderlas. Quiere decir que se somete a sus respectivas decisiones, que comprende cualquier escenario. Si se suspenden esas elecciones, sería lo más oportuno, tomando en cuenta la expansión del coronavirus.

Pero el discurso de Sánchez inevitablemente evidencia que algo pasa en su entorno y en el del PSOE en cuanto a medir la consistencia del errático gobierno de coalición. Que el “estado de alarma” no es sólo por el coronavirus, sino que tiene que ver con la ya visiblemente volátil y arisca relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Una relación que ya ni siquiera respeta de “cuarentenas”.

 

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