El "Fujimorazo" de Maduro

Huida hacia adelante con la ley "antibloqueo"

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El Mundo (España)

En silencio, por la vía unilateral y a la desesperada. Así es como el régimen usurpador de Nicolás Maduro opera de facto. La última opereta ha sido la denominada "ley antibloqueo" aprobada el pasado 8 de octubre por la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y que le otorga al usurpador poderes extraordinarios para firmar nuevos acuerdos petroleros "con empresas privadas tanto nacionales como extranjeras".

La ya bautizada como "ley antibloqueo" tiene a priori un objetivo claro: buscar liquidez financiera y apoyos importantes para mantener la farsa electoral del próximo 6D. No es casual que fuera la ANC el "maestro de ceremonias" de este "Fujimorazo" en miniatura.

Maduro, muy probablemente con la asesoría cubana y la anuencia rusa, lanza un nuevo órdago: una especie de nueva "ley habilitante" con poderes excepcionales y extraordinarios para, curiosamente, ofrecer a la desesperada la "gallina de los huevos de oro": concesiones petroleras a cambio de dinero y apoyos. Y allí Cuba y Rusia, entre otros, tienen intereses estratégicos.

Así, ¿estamos ante la fase del Maduro "neoliberal"? Desde el propio PSUV y altas esferas del régimen, algunas críticas han aflorado. Una de ellas ha sido la de Elías Jaua, figura emblemática del chavismo metamorfoseado en "madurismo". Otros críticos han cuestionado que Maduro giró hacia el neoliberalismo traicionando "el legado de Chávez". Pero mucho ruido y pocas nueces: hasta el incombustible Diosdado Cabello avaló la operación.

La realidad es clara: no hay dinero. Y cuando vienen elecciones, aunque sean una farsa, hace falta liquidez en la calle. Y mucho más cuando el país arde por los cuatro costados, con protestas por falta de gasolina y servicios básicos, mucho más visibles y acuciantes en el interior del país. Al "madurismo" le hace falta liquidez rápida y constante, aunque la hiperinflación la reduzca a la nada. Y para ello debe hipotecar las riquezas del país.

Maduro sabe muy bien lo que se juega: su supervivencia política. Sabe que el "plan Borrell" naufragó en la UE. Sabe que Trump tiene la sartén por el mango y, aunque las encuestas parecen no favorecerlo, da la impresión de que cabalga firme hacia la reelección en la Casa Blanca. Maduro sabe que el "paraíso socialista" no pasa por Venezuela. Y que hay que dar un vuelco. Un giro audaz, inesperado, pero que parece más bien una huida hacia adelante hacia el poder absoluto, así sea negociando con el "capitalismo salvaje", con sus aliados rusos y chinos, iraníes, cubanos, árabes, de donde vengan.

Y eso el régimen castrista en La Habana lo sabe muy bien. Venezuela es la perla codiciada que no se puede perder. Y mucho más con Trump y el lobby anticastrista merodeando por la Casa Blanca en tiempo de elecciones. De elecciones en EE.UU y en Venezuela. Casi nada. Hay que atar a Maduro en el poder como sea. Incluso con recetas neoliberales.

La ley antibloqueo de Maduro, con Luis Parra pillado contando dólares en un baño, se antoja así como imprescindible. Precisamente, Luis Parra, que parecía un fantasma efímero del pasado, reaparece ahora aunque sea contando billetes. Luis Parra, ese "fantasma" que el "madurismo" quiere para presidir una Asamblea Nacional desde 2015 en manos de la oposición y que, por ello, ha truncado la operación maestra de toda esta opereta bufa: CITGO en manos de Rosneft, lo que es decir del Kremlin. Aquí se impone la malévola dinámica geopolítica que siempre anda presente. Y allí hay un nombre con sello propio: Vladimir Putin.

Fíjense bien en la maniobra: a Maduro le aprueba la ilegítima ANC una neoliberal "ley antibloqueo" y, simultáneamente, el sátrapa bielorruso Aleksandr Lukashenko hace gala de la parodia propagandística de corte soviético visitando a presos políticos en una escenografía con visos de mandar un mensaje a Occidente: ceder y negociar, aunque sea en ficción.

Por supuesto, no se hizo público qué fue lo que habló Lukashenko con los presos políticos bielorrusos, toda vez la UE ya no le reconoce la fraudulenta reelección de agosto pasado. Y la oposición bielorrusa sigue en la calle, movilizándose con diversas estrategias.

Pero es que la "ley antibloqueo" de Maduro también es una oda a la opacidad y al secretismo. Tiene "carácter confidencial o de divulgación limitada a cualquier expediente, documento, información, hecho, circunstancia" que Maduro considere pertinente, prohibiendo así el acceso a toda "documentación que haya sido clasificada como confidencial o reservada".

La ONG venezolana PROVEA consideró que la "ley antibloqueo" aprobaba por la ANC a Maduro "viola la Constitución" venezolana y "fortalece el carácter autoritario" del régimen usurpador. "Es prácticamente privatizar los activos de la República bajo un manto de poca transparencia y mucha discrecionalidad".

Curioso todo esto. Demasiado "confidencial", "discrecional", "reservado", opaco, secreto. Como le gusta operar a los grandes centros de poder. Que no es Miraflores, precisamente. Que parecen ser más bien el Kremlin, el Palacio de la Revolución en La Habana, o Beijing.

Las preguntas son: ¿a qué se debe este súbito cambio de estrategias tanto en Maduro como Lukashenko? ¿Tendrán en esto que ver las estrategias geopolíticas de Putin, con la eficaz capacidad operativa del castrismo? ¿Apostar por el "gatopardismo", el "cambiar para no cambiar nada"? ¿Una operación propagandística para ganar lo más valioso en estos momentos: tiempo para mantener a sus aliados, o peones, en el poder?

El "Fujimorazo" de Maduro parece una operación calculada a la desesperada. Pero la bomba de relojería en la que se ha convertido Venezuela es una incógnita en todos los sentidos. Mucho depende de lo que suceda en el exterior. ¿Próximo capítulo? Las presidenciales estadounidenses, con Trump buscando la reelección. Otra opereta bufa donde todos los intereses entran en juego.

 

 

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