El pacto de México

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 11/08/2021
Propietario de la imagen: CNN en español

Maduro y Guaidó trazan líneas para un reparto del poder en Venezuela

A falta de fijarse la fecha definitiva de la negociación en México sobre la crisis venezolana, prevista en principio este viernes 13 de agosto, el único escenario político medianamente seguro para predecir lo que está sucediendo en Venezuela define un hipotético reparto del poder entre el régimen de Maduro y Guaidó, todo ello con vistas a un horizonte electoral a corto plazo, establecido por los comicios regionales del próximo 21 de noviembre.

Los fracasos de las experiencias anteriores de negociación realizadas desde 2016 condicionan también la viabilidad sobre las que se realizarán en México. No obstante, y más allá de las incertidumbres, el contexto actual parece establecer la necesidad de acabar con la inercia interminable de la crisis humanitaria venezolana y su incapacidad para definir una salida por consensos.

De este modo, el panorama actual pareciera prever la posibilidad de un éxito bajo mínimos en una negociación igualmente muy condicionada por las presiones exteriores.

Factores sobran para fijar esta expectativa. El avance del COVID en una Venezuela sumida en la escasez sanitaria; la urgente necesidad de abrir los canales de ayuda humanitaria, la inesperada crisis cubana, que implica (in) directamente a Venezuela, su principal aliado estratégico regional; y finalmente el ciclo electoral regional 2021-2022, que está recomponiento las piezas políticas hemisféricas.

La hora del "madurismo-diosdadismo"

Para llegar a México con garantías, el régimen de Maduro ha realizado un enroque político táctico. Las elecciones internas del PSUV realizadas este fin de semana para designar candidaturas en los comicios regionales del 21 de noviembre determina un reparto de poder estratégico dentro del "post-chavismo", en este caso en manos de Maduro y Diosdado Cabello.

Con no menos discrepancias internas y posibilidades de revertir los resultados de las candidaturas a través del "dedazo", este proceso electoral del PSUV pareciera simbólicamente pasar página del "chavismo" hacia un cada vez más visible eje de poder "madurista-diosdadista" que si bien está aún en ciernes, unido políticamente por las circunstancias, en especial los efectos de las sanciones exteriores sobre altos cargos del régimen y el equilibrio de poder interno, se observa sólidamente instalado en las esferas del poder en Miraflores.

"Este proceso electoral del PSUV pareciera simbólicamente pasar página del "chavismo" hacia un cada vez más visible eje de poder "madurista-diosdadista"

Este contexto apunta igualmente a un Guaidó neutralizado, sin iniciativas, cada vez más aislado e incapaz de reaccionar políticamente, que se ha visto súbitamente obligado a abandonar su mantra político de 2019 ("fin de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres") hacia un acuerdo táctico precisamente con ese régimen usurpador que prometió demoler. Incluso, Guaidó ya amparó una gira internacional orientada a legitimar esta negociación en México con el régimen de Maduro.

En este sentido, el régimen cada vez más "madurista-diosdadocista" ha demostrado su capacidad de resiliencia, amparado igualmente por el apoyo de la FANB y los estratégicos manejos del régimen castrista, hoy inesperadamente contestado en su interior por una rebelión popular tan espontánea como sorprendente, y en la siempre eficaz diplomacia subterránea y apoyo económico y logístico proveniente de Rusia y China, los únicos actores globales capaces de contrarrestar el peso cada vez menos hegemónico de EE.UU.

Por ello, al régimen castrista también le conviene la negociación mexicana que pueda abrir una ventana de legitimidad exterior para Maduro y la posibilidad de supervivencia de un régimen en Cuba cada vez más post-castrista.

"Al régimen castrista también le conviene la negociación mexicana que pueda abrir una ventana de legitimidad exterior para Maduro y la posibilidad de supervivencia de un régimen en Cuba cada vez más post-castrista"

Así, un Maduro más fortalecido políticamente acude a la negociación en México a mostrar sus cartas, que se pueden resumir en preservar la supervivencia del régimen a través del fin de las sanciones y un calendario electoral pactado con el grupo de poder opositor conformado por Guaidó, Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski, secundados por otras fuerzas opositores que ya han pactado con anterioridad con Maduro, tal y como se observó con las controvertidas elecciones parlamentarias de diciembre pasado.

Contrariado por este contexto, Guaidó también acude a México para salvaguardar sus intereses, cada vez más enfocados en llegar a un acuerdo político y electoral con Maduro, independientemente de la decisión de la MUD sobre participar en las elecciones regionales.

A Guaidó ya poco le vale el reconocimiento de 60 países como presidente legítimo de Venezuela. La dinámica de la realpolitik obliga a reconocer que el "madurismo-diosdadismo" tiene el poder de facto en Venezuela, con lo cual acude a México para alcanzar una mayor legitimidad exterior, incluyendo la de Guaidó, y terminar así con la percepción de la "usurpación" del poder en Venezuela por parte del régimen.

Ciclo electoral 2021-2022

A falta de conocer con exactitud qué ocurrirá en Cuba, el vuelco político hemisférico también es una carta a favor de Maduro. Mientras el izquierdista López Obrador busca ganar puntos con esta negociación sobre la crisis venezolana, en especial ante la administración de Joe Biden, la asunción presidencial del también izquierdista Pedro Castillo en Perú suma para Maduro otro aliado hemisférico, una réplica de lo que sucedión en Argentina en 2019 y Bolivia en 2020.

Toda vez, el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua se prepara para una farsa electoral en los comicios presidenciales de noviembre próximo, acentuando una represión dirigida a desactivar candidaturas opositoras y asegurarle al matrimonio Ortega-Murillo un nuevo período de poder en Managua.

El horizonte electoral hemisférico anuncia dos platos fuertes y apetecibles para 2022: Colombia y Brasil irán a presidenciales. Con Lula ya confirmado como candidato contra Bolsonaro en el caso brasileño, la atención se concentra en conocer si en Colombia se constituirá una plataforma izquierdista con reductos de la FARC y del ELN apoyados por Maduro y Cuba, sin menoscabar la posibilidad de entronizar al "chavista" Gustavo Petro.

En estos escenarios, Rusia y China también se muestran expectantes en cuanto a la posibilidad de acumular ganancias geopolíticas que resten capacidad de maniobra hemisférica para Washington y le permitan asentar sus aliados regionales, en particular Venezuela, Cuba y Nicaragua dentro del ya inefectivo "eje del ALBA".

Todo ello traduce porqué en México se juegan cartas geopolíticas hemisféricas con la crisis venezolana como epicentro. Independientemente del éxito o fracaso de la negociación, se vislumbra un acuerdo de mínimos para un reparto de poder político en Venezuela entre el "madurismo-diosdadismo" y una oposición que también pareciera pasar página del "capítulo Guaidó".

"Se vislumbra un acuerdo de mínimos para un reparto de poder político en Venezuela entre el "madurismo-diosdadismo" y una oposición que también pareciera pasar página del "capítulo Guaidó"

Aún así, las interrogantes siguen abiertas: ¿cederá en algún punto concreto el régimen de Maduro, en particular la liberación de presos políticos y las garantías de elecciones transparentes? ¿Cómo saldrá parado el eje Guaidó-Leopoldo López en la plataforma opositora? ¿Emergerá otro "nuevo" liderazgo opositor con viejas caras, como es el caso de Capriles Radonski? La herencia del chavismo, ¿se la repartirán a regañadientes Maduro y Diosdado? Si de nuevo fracasa esta negociación, ¿estamos ante un punto muerto o de no retorno en Venezuela?

"Vamos bien", llegó a decir Maduro el pasado 8 de agosto, en relación a la negociación con Guaidó. Incluso ya definió una nueva categoría del liderazgo opositor, al que calificó de "guaidocista". Esta declaración de intenciones revela un contexto más favorable a los intereses del régimen "madurista-diosdadocista", que sabe que poco tiene que perder en México.

En México no hay nada completamente seguro, aunque la inercia y el desgaste de la crisis venezolana a nivel internacional obligaría a aceptar algún tipo de acuerdo en clave electoral.