El pacto Trump-Bolsonaro sella el destino de Maduro

Tenaza estratégica con Venezuela en la mira

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Página12 (Argentina)

El Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Prueba y Evaluación (RDT&E) firmado este 8 de marzo en el Comando Sur de Florida (EE.UU) entre el presidente brasileño Jair Bolsonaro y el almirante Craig Faller es, además de histórico, una clara señal enviada hacia el régimen de Nicolás Maduro.

Un día antes, Bolsonaro se reunió con el presidente Donald Trump en la residencia de éste en Mar-a-Lago, en Palm Beach. Allí reafirmaron dos claves significativas para el actual contexto regional: que EE.UU convierte a Brasil en su socio estratégico de más alto nivel en el plano hemisférico; y que la confirmación del apoyo de ambos a Juan Guaidó para “recuperar la democracia en Venezuela”, da a entender que Washington y Brasilia imprimen su sello en el destino de Maduro y de Venezuela.

Los “Idus de Marzo”

La semana pasada, previo a su viaje a EE.UU, Bolsonaro dejó filtrar la afirmación de que marzo iba a ser decisivo en la presión contra Maduro. Durante la velada en Mar-a-Lago junto a Trump, coincidieron en “maximizar” esa presión.

Un día antes de la llegada de Bolsonaro, un alto funcionario de la Casa Blanca filtró la revelación de que Washington y Brasilia trabajan conjuntamente con Colombia y el Grupo de Lima para impulsar con más fuerza la presión contra Maduro durante este mes de marzo.

El pasado 2 de marzo, el presidente colombiano Iván Duque había visitado a Trump en la Casa Blanca, con el consecuente “tema Venezuela” en el centro de la agenda. Lo hizo un día antes de las elecciones israelíes, donde el primer ministro Benjamín Netanyahu lograba una nueva victoria pero aún por definir la mayoría necesaria para gobernar.

Colombia e Israel ya habían sellado un acuerdo militar que, tomando en cuenta la presencia del Hizbulá en Venezuela y las conexiones iraníes del régimen de Maduro, además de las FARC y el ELN, deja a las claras cuál es la razón principal del acuerdo militar colombo-israelí.

La visita de Bolsonaro a EE.UU finalizó este lunes 9 de marzo, con una reunión con los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott, el “ala dura” de las sanciones de Trump contra Cuba y Venezuela. Más claro el agua, por si había dudas sobre qué se iba a tratar.

Un nuevo equilibrio hemisférico

El pacto Trump-Bolsonaro permitirá al Ministerio de Defensa brasileño ampliar el acceso al mercado estadounidense, así como formalizar otros pactos en el sector militar. Permite alianzas en el desarrollo de tecnología de defensa por parte de compañías privadas, que pueden al mismo tiempo utilizar financiamiento público de ambos países.

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Bolsonaro y Craig Faller sellan el acuerdo de cooperación entre Brasil y EE.UU. Propietario de la foto: France24.

También abre el mercado estadounidense a Brasil y le facilita la entrada de los productos brasileños en otros 28 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza multilateral de defensa. Brasil no es miembro, pero fue designado por Washington como un “aliado preferencial extra-OTAN”.

En marzo de 2019, Bolsonaro y Trump firmaron un acuerdo de salvaguardias tecnológicas que permite el uso de la base de Alcántara, en el estado de Marahão, al norte de Brasil, enfocado hacia el Atlántico Sur y relativamente próximo a las fronteras con Venezuela, Guyana y Surinam, para el lanzamiento de cohetes estadounidenses.

Hay que recordar que, desde los tiempos de la “guerra fría”, EE.UU siempre observó a Brasil como su previsible principal aliado en el Atlántico Sur. Incluso, se estudiaron proyectos de defensa conjuntos, una especie de “OTAN del Sur”, con Brasilia como epicentro.

En torno a esta perspectiva se fortaleció una escuela geopolítica propia y de doctrina de defensa nacional en Brasilia, que tuvo su principal impulso durante el régimen militar (1964-1985) Desde otra perspectiva, la “era Lula” intentó recuperar algunos de estos imperativos estratégicos.

Pero otros intereses pueden definir para Brasil la necesidad de acordar en este momento con EE.UU un convenio de cooperación militar. En el mismo se traducen viejas aspiraciones geopolíticas y de la Doctrina de Seguridad Nacional de Brasilia, tales como el control del Amazonas como escudo estratégico defensivo, con nuevas prioridades, como pueden ser el hecho de no quedar fuera del previsible reparto de áreas de influencia dentro del Arco Minero y la Plataforma Deltana en Venezuela.

Tampoco se descarta para Brasilia, detrás de este pacto con EE.UU, tener influencia hacia Guyana, cuyas importantes riquezas petroleras, minerales y forestales le confieren un determinado interés geopolítico. No hay que olvidar que Venezuela ha venido perdiendo terreno en la arena internacional en aspectos clave de su seguridad como el diferendo por el territorio Esequibo, pendiente de resolución de arbitraje internacional.

Se estima que Guyana impulse un óptimo crecimiento económico para los próximos años, razón por la que Brasil espera concretar espacios de influencia, principalmente en materia de construcción de infraestructuras y de mecanismos de explotación de esos recursos naturales.

En todos estos escenarios, apostar por un inmediato cambio político en Miraflores que garantice estas expectativas geopolíticas supone para Brasilia una prioridad estratégica. Ello también gravitó en el acuerdo firmado en el Comando Sur

La crisis petrolera 2020

Mientras Trump y Bolsonaro consolidaban su “entente cordiale”, el mercado petrolero a nivel mundial se veía sacudido por la crisis de precios entre Rusia y la OPEP, que llevó a una abrupta e histórica caída 30% del precio del petróleo, quedando en US$ 33,36 el barril en la actualidad.

Con el coronavirus sacudiendo la economía mundial, la repentina crisis petrolera dio paso a la caída de los principales índices bursátiles en Asia y Europa.

La crisis petrolera se enfocó en la disputa entre Rusia, que no es miembro de la OPEP pero sí socio observador, y Arabia Saudita, el principal productor mundial, por la influencia en los precios. La consultora Goldman Sachs Group INC incluso estima una caída a US$ 20 el barril.

Casi simultáneamente a la crisis con la OPEP, el presidente ruso Vladimir Putin lograba sellar in extremis en Moscú un acuerdo con su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan para intentar recomponer piezas en la guerra de Siria, toda vez la crisis migratoria vuelve a preocupar a Europa.

Esto deja a Putin eventualmente atado en sus prioridades en Siria y en recomponer el mercado petrolero. Por ello, el pacto Trump-Bolsonaro genera fuerte preocupación en Miraflores.

Este lunes 9 de marzo, un día antes de la gran movilización nacional convocada por Guaidó prevista para el martes 10, la FANB al mando del ministro de Defensa Vladimir Padrino realizaron un “madrugonazo” militar en Caracas, justificado como la Fase II del Plan Escudo Bolivariano 2020.

Al mismo tiempo, la extraña quema de archivos del CNE en Filas de Mariche ocurrida el 7 de marzo, y que se atribuyó un tal Frente Patriótico Venezolano, provoca mayor inquietud en las filas de la FANB, toda vez Bolsonaro acordaba en el Comando Sur la tenaza estratégica contra Maduro.

Con una PDVSA en la quiebra (produce poco más de 700.000 b/d), su aliado Rosneft sancionado por EE.UU y con escasa posibilidad de financiar al régimen de Maduro, China y Europa ocupadas por el coronavirus y ahora la crisis perrolera, el pacto Trump-Bolsonaro se antoja como decisivo para sellar el destino del régimen de Maduro.

 

 

 

 

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