¿Ensayo para la transición en Venezuela?

Cumbre Pompeo-Lavrov en Washington este martes (10-12-2019)

¿Ensayo para la transición en Venezuela?
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Qué Vaina!

Con Juan Guaidó en su peor momento, cuestionado por los escándalos de corrupción en su entorno, salpicados tras la polémica destitución de Humberto Calderón Berti como embajador en Bogotá, los únicos actores que parecen tener capacidad para mover los hilos en Venezuela se activan ahora: EE.UU y Rusia.

La semana pasada, la administración Trump ya lanzó señales de humo de que parece querer apostar ahora por una vía post-Guaidó para salir de Maduro, incluso contando con una transición pactada entre chavistas y opositores. Pero para ello debe contar con la sintonía del verdadero actor que mantiene a Maduro en el poder: Rusia. Sin olvidar, obviamente, el peso de la influencia cubana y el poder económico chino.

En medio del escándalo del “Russiagate” y ahora del “Ucraniagate” que acosan a Trump hacia el impeachment o juicio político, amenazando con acabar con su presidencia, este martes 10 de diciembre, en Washington, se reunirán nuevamente (la primera reunión de 2019 fue en mayo pasado) los respectivos jefes de la diplomacia estadounidense y rusa. Son ellos el anfitrión Secretario de Estado, Mike Pompeo, y el ministro de Exteriores Serguei Lavrov. La agenda oficial tratará de Ucrania, Siria y el control de armas. Pero Venezuela muy seguramente buscará colarse en la agenda.

Prácticamente descartada la opción militar, asunto en el que Washington y Moscú parecen tener acuerdo, queda la negociación. Saben que Venezuela necesita urgentemente un cambio, que la crisis humanitaria es imparable, pero que el juego está trancado entre Maduro y Guaidó. Y saben, principalmente, que Guaidó ha perdido crédito y capacidad de maniobra, pero que Maduro tampoco tiene el apoyo popular, aunque se mantenga en el poder.

El contexto regional también ha cambiado. La Bolivia post-Evo ahora comandada por la presidenta interina Jeanine Añez camina hacia la consolidación de una transición política. Rusia lo sabe bien. Ha perdido en Bolivia una pieza estratégica con Evo y ahora debe hacer uso de su tradicional pragmatismo y realpolitik para arreglar el laberinto venezolano, pero esta vez en línea directa con Washington, precisamente para evitar una reproducción del ejemplo boliviano en un aliado estratégico como Venezuela.

En la reciente cumbre de los BRICS en Brasilia, el presidente ruso Vladimir Putin ya dio a entender que reconoce la existencia de un nuevo gobierno en Bolivia. No lo reconoce oficialmente, pero sí parece hacerlo tácitamente.

Pero la receta boliviana no parece aplicar en Venezuela. La caída de Evo ha sido tan contundente como sorpresiva. Mientras, Guaidó no remonta y se muestra estancado. Y Trump ha perdido la paciencia, algo que precisamente le sobra a Putin, maestro del cálculo político. Por ello ya no parece que la solución pase por estériles diálogos dominicanos o noruegos. La cosa va más directamente por la línea directa entre Washington y Moscú. Sin descartar Beijing, el otro actor con influencia en la trama.

Y en este juego geopolítico, sigue multiplicándose hasta la saciedad una especie de trueque Ucrania por Venezuela. Trump, acosado por el “Russiagate” y el “Ucraniagate”, podría dejar en paz a Putin en Ucrania para que el líder ruso haga lo mismo en Venezuela. Pero todo son especulaciones, aunque para nada descabelladas. Siria es otra cosa. A Trump ni le interesa ni va a irritar a Putin en un escenario donde el ruso manda.

Mañana martes en Washington se sabrá algo sobre todo esto. O quizás no. A veces, los silencios y la discreción terminan siendo más decisivos. Amanecerá y veremos.

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