Guaidó en tiempos de Biden

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 24/11/2020
Propietario de la imagen: RPP Noticias (Perú)

Sin Trump pero con Maduro

En 1848, ante la Cámara de los Comunes, Lord Palmerston, primer ministro británico y la figura más influyente de su política exterior en pleno apogeo imperial británico, acuñó una frase que resume la esencia de la geopolítica: "No tenemos aliados eternos ni enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos".

El presidente interino Juan Guaidó y las fuerzas opositoras venezolanas deben tomar buena nota de una premisa que sigue teniendo vigencia. Porque el tiempo apremia y la Casa Blanca se prepara para una transición de poder de Donald Trump, el principal valedor de Guaidó, hacia Joseph Biden, el heredero del legado de Obama.

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Trump recibe a Guaidó en la Casa Blanca. Era febrero de 2020. El "caso Venezuela" alcanzaba el irrestricto apoyo bipartidista entre republicanos y demócratas en Washington. ¿Seguirá este apoyo vigente en 2021 con Biden en la presidencia?

El contexto es imperativo. Guaidó impulsa una consulta popular para denunciar, en Venezuela y ante el mundo, la farsa electoral que el "madurismo" quiere montar el 6D. Si bien la legitimidad de Guaidó es reconocida en casi sesenta países, la usurpación de facto de Maduro sigue en pie justo cuando, en enero, se van a cumplir dos años de la aparición de Guaidó con un lema cada vez más opaco: "fin de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres".

Por mucho que se denuncie el fraude, Guaidó sabe que el tiempo corre, pero que debe reconducir la situación para que corra a su favor. La VI legislatura de la legítima Asamblea Nacional que él preside finaliza su período el próximo 5 de enero de 2021. Quince días después, el 20 de enero, asumirá el próximo presidente de EE.UU.

El "madurismo" intentará por todos los medios de acabar con la "era Guaidó" al frente de la Asamblea Nacional, amparándose en una farsa electoral apoyada por un puñado de aliados entre los que destacan Rusia, Cuba, China, Irán y Turquía. Si bien una mayoría de la comunidad internacional apoya la legitimidad de Guaidó (59 países de 194 legalmente reconocidos por la ONU), la continuidad de la usurpación de facto complica la situación. Y es aquí donde el presidente interino y las fuerzas opositoras deben analizar este contexto con asertividad.

Se ha repetido hasta la saciedad que el "tema Venezuela" es de carácter bipartidista en EE.UU. Es indudable que eso es cierto. En febrero pasado, durante el Discurso del Estado de la Unión de Trump en el Capitolio, republicanos y demócratas, con Biden y la presidenta del Congreso Nancy Pelosi a la cabeza, alcanzaron algo inédito en estos años de presidencia de Trump: un consenso claro y absoluto, sin objeciones, entre republicanos y demócratas en respaldo a Guaidó y a la transición democrática en Venezuela. En Washington, por tanto, el "caso Venezuela" es de apoyo oficial e institucional a Guaidó.

Pero la política es cambiante, y más aún en este confuso concierto internacional. En estos momentos, Venezuela no parece ser una prioridad irrefutable para la próxima administración en la Casa Blanca. Se imponen otros temas más acuciantes como la reconciliación de un país fuertemente polarizado en estos años de "trumpismo" en el poder, los efectos de la pandemia (EE.UU lidera el número de víctimas a nivel mundial con casi 240.000 muertos) y los retos de política exterior (China especialmente) Esos y otros son factores que ejercen una fuerza mayor en los salones y el Despacho Oval de la Casa Blanca.

El pasado 7 de noviembre, vía tweet, Guaidó felicitó a Biden por su triunfo, una vez el reconteo de votos en estados clave como Pennsylvania le dieron los votos electorales suficientes para llegar a la Casa Blanca. Mientras Trump clamaba un presunto fraude electoral, algunos sectores criticaron lo que se consideró como una postura apresurada por parte de Guaidó, felicitando al rival electoral de su valedor Trump.

No obstante, ese tweet de Guaidó cobra importancia ahora que Trump, aparentemente, habría aceptado la transición de poder a favor de Biden. El mensaje de Guaidó fue claro: el "caso Venezuela" es bipartidista en EE.UU, independientemente de quién esté en la Casa Blanca. No debería entonces cambiarse esa política. No debería pero, como hizo Guaidó, Maduro también felicitó a Biden y, como Cuba, tienen expectativas de mejora de relaciones con Washington. Y ambos ya se conocen personalmente de antemano.

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Biden y Maduro ya se conocen. Fue en la ceremonia de investidura de Dilma Rousseff en Brasil en enero de 2015. Entonces, Biden era vicepresidente de Obama. Ahora, con Biden en la Casa Blanca, ¿habrá vuelco en la política estadounidense hacia Venezuela?

No debería cambiar, a pesar de los también obvios recelos que la oposición venezolana pueda tener hacia un Biden producto del "obamismo", el mismo que propició la apertura con Cuba (sepultada luego por Trump) pero que, al mismo tiempo, también impulsó las primeras sanciones de EE.UU contra altos cargos del "madurismo". Recelos que se acrecientan ante la enigmática figura de Kamala Harris como vicepresidenta, a quien algunos identifican como el ala más izquierdista dentro del próximo gobierno estadounidense.

Como aseguraba Lord Palmerston hace siglo y medio, las grandes potencias se manejan por intereses. Es de esperar que, en su regreso al poder, los demócratas con Biden en la presidencia cumplan con ese compromiso bipartidista hacia Venezuela.

Pero las dudas que surgen también son legítimas: ese compromiso, ¿lo cumplirán con Guaidó? ¿Con Maduro? Si no, ¿con quién? ¿Habrá transición u otro golpe de timón? ¿Será Venezuela una prioridad para Biden en la Casa Blanca? En tiempos de pandemia, y de Biden, las incógnitas son la única certeza en la atribulada Venezuela.