La “dictadura perfecta”

Cómo el COVID 19 ampara las opciones autocráticas del poder

pablo
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tododisca (España)

El Premio Nobel peruano nacionalizado español Mario Vargas Llosa calificó en 1990 como la “dictadura perfecta” el sistema político instaurado en México por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuya hegemonía absoluta en México abarcó de 1929 a 2000.

Visto en perspectiva, el calificativo parece hoy recobrar significado en estos tiempos del coronavirus. Y el propio Vargas Llosa, adalid del liberalismo, obviamente no ha dejado pasar esta oportunidad. Treinta años después de acuñar aquel controvertido calificativo sobre la “dictadura perfecta”, su reflexión en 2020, obviamente, ya no era hacia un sistema político particular, como el mexicano, sino al futuro que le espera la libertad política tras esta pandemia. Un posible regreso al pasado motivado por el miedo y el control político que se hace del mismo, pero hoy con avances tecnológicos más sofisticados.

La tendencia actual es a la concentración de poder ante una amenaza para la seguridad pública como es la pandemia, en un sistema que algunos denominan como autocratizacióncompetitiva. Un control cada vez más exhaustivo de la privacidad, del libre albedrío. Un “Big Brother” globalizado y asumido como tal. Por tanto, buenos tiempos para el populismo autocrático, malos tiempos para la democracia liberal.

La paralización global de facto viene traducida por estados de alarma, de emergencia y quién sabe si progresivamente de excepción. La acción gubernamental es, por tanto, tan lógica como necesaria ante una coyuntura inédita para la sociedad, como es la de confrontarse con un virus letal que se reproduce fácilmente. Pero en política, donde casi todo se mide en intereses de poder, el contexto resulta obviamente proclive para determinados liderazgos y gobiernos con pretensiones hegemónicas.

Mucho se ha venido hablando de cómo algunos líderes de la talla de Putin, Lukashenko, Orban, Maduro, Duterte e incluso Trump han gestionado políticamente la pandemia. Pero vale la pena detenerse en el ejemplo español, el país que secunda a EE.UU e Italia en número de muertos, hasta ahora casi 20.000 víctimas mortales por la pandemia.

En este aspecto, deben observarse con atención las medidas que el gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias vienen realizando para gestionar la pandemia. Desde diversos medios se les acusa de “decretazos” de carácter autoritario, sin pasar por los obligados contrapesos institucionales, aprovechando el confinamiento que también llega al medio político, hoy obligado a la política “virtual”.

Aquí se afirma la censura y el control de las informaciones desde La Moncloa sobre el COVID 19, que ya motivó una rebelión de medios de comunicación. Las reacciones han sido variadas, desde acusaciones en un Congreso de los Diputados prácticamente vacío de querer aprovechar la coyuntura para establecer de facto una “dictadura como la de Maduro” hasta la adopción de ayudas sociales, de por sí necesarias, y de rentas básicas universales que muchos auguran insolventes y con sesgo político. Otros ven esfuerzos de establecer vigilancias de Big Data con posibles intereses políticos.

El COVID 19 ha llegado a la política no sólo española sino global para establecer un “parteaguas”. Un final de época en la cual la regresión democrática y de las libertades hacia un mayor control por parte del poder, se verificará con una mayor sutileza punitiva, gracias a las medidas de salud y seguridad pública. El control es digital, haciendo uso de la herramienta más sutil, símbolo real de la globalización.

Entramos así en la era de la “post-democracia liberal”, y posiblemente en la asunción de las “autocracias populistas”, medrando éstas en el seno de sistemas democráticos que obligan a los contrapesos institucionales. Sería injusto “culpar” únicamente al coronarivus de esta regresión democrática o de los esfuerzos “antiglobalización”. Putin, Trump o Maduro ya estaban en el poder antes de que el virus se esparciera globalmente.

En 1990, Vargas Llosa acuñó el término “dictadura perfecta” para analizar un determinado sistema político. Puede que el peruano fuera visionario. En 2020, por otros motivos, la “dictadura perfecta” parece ser un bálsamo falaz ante la indiferencia global.

 

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