La geopolítica del coronavirus

Cómo la pandemia está inesperadamente alterando el poder global

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France24

¿Alguien se esperaba en este 2020 que un virus como el coronavirus traería tantos cambios en la política internacional? Seguramente, nadie. Ni siquiera las siempre presentes teorías conspiratorias. Pero no es algo secundario. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió al mundo que se prepare para los efectos de esta pandemia.

Lógicamente, el centro de atención es China. Son millares los muertos provocados por un virus que parece tan letal como expansivo. Y a Beijing le toca una tarea ardua y difícil: gestionar los efectos y la solución de la pandemia, pero principalmente el “día después”, la imagen del país ante el mundo.

Europa está entrando en un estado de “schock” ante la proliferación de casos. Incluso un primer ministro, el de Eslovaquia, está bajo vigilancia de protocolo sanitario al presentarse síntomas similares al coronavirus. Y en medio, congresos, eventos y carnavales cancelados por el miedo al contagio. Los mercados financieros tambalean.

En un 2020 que presagiaba el comienzo de una década que sellaría el imparable ascenso de China hacia la supremacía mundial, el coronavirus se presenta como su principal desafío. Un desafío que, al menos a priori, no es, por tanto, ni Trump ni EE.UU ni Occidente. Es una pandemia cuyo origen y expansión siguen siendo un misterio. Y que está paralizando inesperadamente ese ascenso chino (y asiático) que se presumía inalterable.

Rusia, aliado estratégico de China en la conformación de un mundo multipolar no hegemónico, llámese “euroasiático”, para frenar la histórica hegemonía occidental liderada por EE.UU, ya anunció el cierre de fronteras con China. Un comprensible protocolo sanitario que intenta frenar la expansión del virus. Europa entra en pánico con varios casos ya confirmados en Italia y España.

No obstante, el coronavirus ha dejando imágenes simbólicas que bien vale la pena analizar. Con mascarilla, el presidente chino Xi Jinping se ha apersonado en diversos hospitales para analizar la crítica situación. Es una imagen que realmente vale por mil palabras y que supera a todos los discursos posibles.

El omnipotente gran mandatario chino “baja” de las esferas del poder para hacerse partícipe del sufrimiento de su pueblo. Para hacerse cargo de la situación. Más allá de la propaganda, la imagen es un símbolo que interpreta igualmente los grandes cambios y transformaciones que ha vivido China en los últimos años. Y que, a pesar de la cuarentena y de algunos episodios de malestar social por la censura oficial, la epidemia parece mostrar otra fotografía: la de fortalecer la unidad del pueblo chino, en este caso en torno a su líder.

Pero la geopolítica no entiende muchas veces de estos gestos. Con China lógicamente concentrada en solucionar una epidemia en expansión global, Trump visitó la vecina India para acelerar una alianza estratégica que, mirando con lupa, va dirigida a someter el eje ruso-chino e incluso iraní, otro país fuertemente afectado por el coronavirus.

Ojo al dato: Trump se aventuró a viajar a una Asia alertada por la expansión del coronavirus para firmar con India un acuerdo de cooperación militar por valor de US$ 2.600 millones.

India, siempre recelosa de la expansión china, venía trazando lazos con Rusia pero también con la misma China, con la que comparte reclamos históricos (Tíbet). India, Rusia y China son socios del alicaído BRICS. Pero la visita de Trump y la sinuosa geopolítica del coronavirus parecen alterar esta ecuación. Por cierto, es posible que con su visita a India, Trump no vuelva a viajar a un país extranjero hasta las presidenciales de noviembre próximo, donde se juega la reelección en la Casa Blanca.

Con la epidemia in crescendo, Trump parece “oler” el contexto de debilidad coyuntural de sus rivales China, Rusia e Irán. Ya lo hizo con un golpe certero al asesinar al poderoso general iraní Qossem Soleimani en enero pasado, con un recurso tan simple como un dron. Pero también lo hizo con su golpe de efecto al recibir con honores a Guaidó en Washington. Y en medio de estas movidas, el coronavirus obliga a Rusia y China a entrar en cuarentena.

Con una epidemia global con graves consecuencias humanitarias, Trump calcula en términos geopolíticos. Suena cruel, pero el coronavirus le ha permitido recomponer posiciones de poder ante China y Rusia, sus principales rivales en la política internacional.

Para la potencia asiática, China, que esperaba en 2020 inaugurar una década de impulso decisivo hacia la hegemonía global, el coronavirus es un revés moral y estratégico. Pero quién sabe si también le permitirá a China recomponer fuerzas, echar un paso atrás para impulsar dos adelante. El tiempo lo dirá. Pero lo único que ahora parece cierto es que el coronavirus es el actor inesperado que está reconfigurando la política global. Trump lo sabe y, en un 2020 electoral, no parece mostrar respeto por pandemias y angustias globales.

 

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