La guerra política por el relato del 12 de octubre

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 16/10/2021
Propietario de la imagen: Wikipedia

Polémicas políticas en torno a una efeméride histórica

Nunca una fecha histórica como la del pasado 12 de octubre estuvo envuelta en una polémica política tan agria y radicalizada. El contexto previo anunciaba claramente esas señales. Desde las demandas de López Obrador y Maduro exigiendo a España que pida perdón por la colonización hasta la comparación de Díaz Ayuso del indigenismo como el "nuevo comunismo" o las burlas de Aznar sobre los orígenes "étnicos" del nombre del propio López Obrador.

En perspectiva, lo que podemos observar a priori es que el relato sobre lo que significó el 12 de octubre (12/O) se está progresivamente diluyendo en los siempre peligrosos canales de la demagogia, enmarcados en un determinado contexto político. Ya no es una discusión académica que atañe principalmente a los historiadores, desde una perspectiva plural, orientada a explicar lo que significó un acontecimiento capital para la historia. Hoy pareciera que la lucha, la batalla más bien se concentra en monopolizar el relato histórico del 12/O con objetivos e intereses políticos.

En estos tiempos de necesarios revisionismos históricos y de ampliación de la memoria histórica, el 12/O no se esconde de esta dimensión. Pero más bien valdría la pena hacerlo con honestidad y pluralidad. Hay que tomar en cuenta dos momentos clave para pulsar el debate histórico sobre el 12/O y sus implicaciones en la esfera política. Uno fue el quinto centenario del descubrimiento de América, celebrado en 1992, donde el nombre oficial de "Encuentro de Dos Mundos" ya provocó una polémica histórica en ambos lados del Atlántico. Aquí se afianzó con mayor nitidez la polarización entre descubrimiento, colonización, genocidio, encuentro de civilizaciones, etc.

El otro momento lo vivimos con la llegada del nuevo milenio (2000) y el giro político hacia las izquierdas en América Latina y hoy hacia una mayor "derechización" con carácter reivindicativo de la idea de España, y que está actualmente instalado en el debate político ibérico. En este contexto, las reivindicaciones políticas e indigenistas (Chávez, Evo Morales, López Obrador, entre otros) se entremezclaron al otro lado del Atlántico con las de Díaz Ayuso, Aznar y VOX, entre otros.

Al calor del pulso político se le agrega el ingrediente editorial. Si usted visita hoy una librería se encontrará con una rotunda presencia en sus estanterías de una prolífica producción bibliográfica que intenta explicar lo que fue el 12/O y la colonización española en América. Y los hay de todos los colores, los que critican agriamente el legado colonial español así como los que "desmontan la leyenda negra española" como una mera operación de "marketing político" por parte de potencias igualmente coloniales como Gran Bretaña. Incluso salen documentales comparando el descubrimiento español de América como la "primera globalización".

Por cierto, a este debate histórico con tintes políticos debe agregarse el siempre incómodo e incluso éticamente cuestionable ejercicio de comparar cuáles colonizaciones fueron mejores o "menos genocidas". Si la española en las Américas o las británica y francesa en África y Asia.

Desde América, la exigencia de líderes políticos como López Obrador y Maduro parece concentrarse en obligar a España a pedir perdón a los pueblos originarios americanos por su sistema imperial. Mientras, desde EEUU hasta Chile se derrumban estatuas de Colón o de cualquier resquicio que recuerde el pasado colonial hispano, y se cambian nombres de calles, autopistas, plazas, etc.

Ahora bien, desde la perspectiva de los movimientos indigenistas americanos, ¿realmente existe consenso en apoyar estas demandas de líderes políticos como López Obrador? ¿Están unidos en esa perspectiva? La respuesta puede ser gris, incluso desgarradora para algunos partidarios de una mayor radicalización. No existe exactamente una homogeneidad política en este sentido por parte de los indigenistas americanos. Por supuesto que quieren visibilizar sus demandas y exigen ser escuchados. Los hay, como en todos los sectores políticos, quienes están más convencidos en presionar a España a que pida perdón como los que propugnan mecanismos más plurales, de encuentro y entendimiento.

Desde España, la reacción es virulenta por parte de algunos líderes políticos como Díaz Ayuso y Santiago Abascal, que bajo ningún concepto aceptan el perdón como mecanismo de reconciliación. Como sucede con López Obrador, Chávez, Evo y Maduro, la clave está en la lucha por el relato como bandera política en clave española. España no colonizó, España incluso "salvó" a América de sistemas pre-coloniales, como el azteca y el inca, profundamente "inhumanos".

Así, el "perdón" sobre el 12/O se convierte en una especie de catarsis exculpatoria que canaliza determinados intereses políticos. Nos vemos nuevamente ante una compleja tesitura. Los tres siglos de colonización española en América no fueron exactamente un genocidio, y el mestizaje es una prueba fehaciente de ello, aunque el mismo no debe ocultar que la empresa imperial española llevó a masacres de pueblos indígenas y a sepultar ese legado de civilizaciones ancestrales ya existentes antes de la llegada de Colón.

La colonización de América fue la misma empresa imperial que llevó a ingleses a colonizar la India en el siglo XVIII y a franceses a hacer lo mismo en Argelia en el siglo XIX, entre otros ejemplos. ¿Pidieron perdón ingleses y franceses por eso? No exactamente, por no negarlo en absoluto. Por cierto, mientras ocurría la polémica del 12/O en España y América, en Francia también pasaba lo mismo: el presidente Emmanuel Macron criticaba la utilización histórica del relato de la colonización por parte de lo que denominó como el "sistema político-militar argelino". La crisis diplomática con Argelia no tardó en aparecer.

¿Tendrá España que pedir perdón, como hizo Alemania con el nazismo? Quizás sea una iniciativa importante hacerlo, porque ayudaría también a desactivar los impulsos demagogos de uno y otro lado del Atlántico. ¿Lo hará España de manera institucional, mientras la memoria histórica aquí sobre el franquismo y la guerra civil sigue siendo otra batalla por dominar el relato, toda vez la misma idea de España está hoy en día cuestionada, a tenor del procés catalán?

Y si España pider perdón, ¿qué pasará después? ¿Seguirán reclamando algo más los López Obrador y Maduro de turno? ¿Acatarán Díaz Ayuso, Aznar y Abascal ese perdón oficial o cambiarán de discurso? ¿Tienen esos líderes políticos realmente la incuestionable legitimidad para presionar por esas demandas, para convertirse en acusadores de uno y otro lado? Aquí entramos en otro plano, muy delicado y complejo, pero que muy probablemente será inevitable abordar en algún momento.

Por lo pronto, el contexto político a ambos lados del Atlántico parece ir definiendo parcelas de poder. El 12/O ya no es el Día de la Raza en América, sino cada vez más el de la Resistencia Indígena, con características reivindicativas, incluso propulsadas con un efecto "descolonizador". El 12/O ya no es fecha de celebración, como era antes.

Mientras, en España, esta fecha está cada vez más enfocada en reafirmar la idea de España, de la hispanidad, incluso con rememoraciones del pasado que levantan muchas ampollas. Aquí tampoco existe la necesaria pluralidad de visiones.

Quizás la solución esté en dejar que sean los historiadores, los académicos e intelectuales de ambos lados del Atlántico, los que se pongan de acuerdo para abordar el debate. Y escuchar principalmente el relato de los pueblos originarios americanos, que tienen mucho que decir y aportar. Y llevar esa discusión al plano institucional, a través de Congresos, foros, encuentros motivados por la pluralidad y el entendimiento. Y no dejar que sean únicamente los políticos los que lleven la batuta a la hora de dirigir el relato del 12/O porque, de lo contrario, la demagogia y los desencuentros terminarán envileciendo la comprensión y el diálogo sobre esta efeméride histórica.