Orwell quizás tenía razón

La libertad tras el coronavirus

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Como antídoto a la cuarentena y al obligado confinamiento, los medios de comunicación se han esforzado en recomendar lecturas que definan lo que estamos viviendo con esta pandemia. La peste”, obra clásica del francés Albert Camus, parece ser la preferida por los expertos literarios.

Pero quizás podríamos recomendar otros clásicos. Considero que uno se impone como referencia que podría descifrar los tiempos que se vienen tras el coronavirus. Es la visionaria obra del escritor británico George Orwell, “1984”. Un ejercicio pionero de distopía, de futurismo, con tinte ficticio. 

Publicada en 1948, en plena “guerra fría”, Orwell popularizó la figura del “Gran Hermano”, hoy reconvertido en icono de la sociedad postmoderna a través del reality show. El “Gran Hermano” que todo lo ve y lo controla se convirtió en símbolo de una especie de género literario “orwelliano”. Como referencia, probablemente Orwell tenía en mente al totalitarismo estalinista entonces triunfante en la ex URSS. Su poder se ejercía a través de un ente absolutista, el Ministerio de la Verdad. En el mundo de hoy se habla mucho de la “posverdad”. ¿Les suena?

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El escritor británico George Orwell y diversas ediciones de su obra, "1984". 

Pero a pesar del lúgubre y gris futuro que para la humanidad deparaba Orwell a través del totalitario ojo del “Gran Hermano”, hay aspectos donde el mismo no puede llegar. Un pequeño rincón que escapa a su control ocular. Es la privacidad, la individualidad que trasluce en la mente y el espíritu humano. Es la libertad frente al abuso totalitario del poder.

No sabemos con certeza si el paisaje “post-coronavirus” nos anticipa un futuro “orwelliano”. Abundan los análisis, obviamente con claroscuros, que intentan arrojar luz sobre lo que puede venir. Lo que viene cambiará nuestro comportamiento social, se adelantará la digitalización en todos los ámbitos de nuestra vida (quizás aquí la saga fílmica de Matrix” sea igualmente visionaria), toda vez la recesión económica puede incluso ser más dañina que la propia pandemia.

No obstante, prefiero concentrarme en el futuro de la libertad, del ciudadano frente al poder. Cuando la información y la comunicación es poco o nada transparente. Y aquí el relato “orwelliano” me parece más certero.

El miedo es la herramienta más efectiva que tiene el poder para el control de los ciudadanos. Qué tan sumisos somos ante las medidas de confinamiento gubernamentales, lógicamente legítimas, es una clave que nos hace ver qué tan frágiles somos ante el poder. Aunque esas medidas sean obviamente necesarias para la salud y la seguridad pública.

El mundo “post-coronavirus” nos reclamará qué tan ciudadanos somos y cuánta capacidad tenemos para “fiscalizar” al poder sin renunciar a nuestras libertades. La humanidad tiene experiencia en la lucha por la libertad. El mundo ha vivido demasiados totalitarismos, dictaduras y guerras como para no tener conciencia de la importancia de la libertad, valor natural del ser humano, amparado en Constituciones y Declaraciones universales aprobadas por gobiernos y organismos internacionales.

Aunque diversos estudios aseguran que la libertad en el mundo está en retroceso, principalmente ante el avance de los populismos autoritarios, probablemente ésta época que vivimos sea la más libre y democrática de la historia.

Un ejemplo puede ser Internet, esa herramienta digital que nos permite la conexión global y en la que abunda la “información”, sea ésta veraz, o la “desinformación” del “fake news”. La "posverdad" de la que hablan muchos. Internet prácticamente domina nuestras vidas y es la herramienta clave que digitalizará todos los aspectos de nuestra vida. Es por tanto un recurso extrañamente simultáneo de liberación y de sumisión. Por ello, podemos igualmente preguntarnos: si en este confinamiento inevitable, por cualquier razón, el poder nos obliga a desconectarnos de Internet, ¿podríamos aguantarlo?

Otro aspecto es la escasez, principalmente alimentaria y de recursos, una posibilidad si la cuarentena se alarga indefinidamente. Si finalmente hace presencia, ¿romperemos el confinamiento y saldremos a protestar? ¿Reclamaremos nuestros derechos? ¿Estaremos en capacidad de hacerlo? En el sur de Italia ya se han presentado conatos de saqueos por los efectos de la cuarentena.

Cabe entonces preguntarse si el sistema económico aguantará un confinamiento prolongado. Es dudoso pero no hay que olvidar que, bajo este confinamiento necesario, somos partícipes de un experimento social.

Orwell lanzó una fecha aleatoria y ficticia para darle título a su relato. 1984 es así una inversión numérica del año de publicación de su obra, 1948. Pero puede que ese mundo "orwelliano" ya comience a percibirse en 2020. Quizás el británico no estaba tan errado en su predicción.

 

 

 

 

 

 

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