"Paños calientes" para salir de la crisis venezolana

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 30/06/2021
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Negociaciones apuntan posibles "megaelecciones" para este 2021

El calendario electoral siempre ha servido como una especie de bálsamo coyuntural en las sucesivas crisis políticas que vive Venezuela desde la llegada del chavismo al poder. El enfoque suele ser el mismo: elecciones donde el país se juega la vida y su futuro. Pero la experiencia reciente ha demostrado que los resultados electorales en Venezuela, muchas veces lejos de solucionar, lo que han hecho es precisamente profundizar esa crisis.

En el contexto actual, es perceptible que lo que comúnmente denominamos como la "comunidad internacional" está persuadida a avanzar, como sea y cuanto antes, en un calendario electoral en Venezuela, fijando la vista para noviembre de 2021. Y en este contexto, el matiz esperanzador vuelve al ruedo.

No obstante, a priori, pareciera que el régimen de Nicolás Maduro ha logrado ganar tiempo para asegurar su supervivencia en las urnas. Con ello, los recientes acontecimientos parecen definir, cada vez con mayor nitidez, que Venezuela se encamina hacia un nuevo escenario electoral crucial.

En primer lugar, pasemos a las "Grandes Ligas" de la política internacional. No es seguro afirmar que, en las cuatro horas que duró la cumbre entre Joe Biden y Vladimir Putin el pasado 15 de junio en Ginebra, el nombre de Venezuela se pronunció en varias ocasiones. Ni siquiera estaba en la agenda prioritaria, pero muy seguramente sí lo estuvo en la agenda colateral. Para ello, la Casa Blanca y el Kremlin cuentan con expertos asesores que se encargan del tema, y que ponen al tanto a Biden y a Putin sobre lo acordado.

El "reseteo" de Maduro

Por tanto, sí parece claro que algo debió de salir de esa cumbre con respecto a qué hacer con la crisis venezolana. Y el régimen de Maduro y sus aliados saben de la importancia de este contexto y la necesidad de realizar concesiones para atender las peticiones de la comunidad internacional de reformar las instituciones para avanzar en un calendario electoral "transparente, justo y libre".

Pero incluso en este sentido, Maduro, con la obvia asesoría cubana, realiza "paños calientes", concesiones tácticas. La semana pasada lanzó su proyecto de "revolución judicial". ¿Y a quien nombró para llevarla a cabo? A Cilia Flores, la "Primera Dama Combatiente", y a Diosdado Cabello, el "poder en la sombra" de Miraflores. ¿El objetivo? Blindar aún más un TSJ revestido de ilegitimidad pero operativo de facto ante cualquier eventualidad electoral y política a corto y mediano plazo, una vez el "nuevo" CNE ya esté plenamente operativo, con otros rostros pero con las mismas mañas.

"Maduro, con la obvia asesoría cubana, realiza 'paños calientes', concesiones tácticas"

Esta semana, el CNE aceptó restituir la papeleta electoral de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para las elecciones regionales de noviembre, en otro gesto simbólico del "madurismo" por congraciarse con las peticiones internacionales. La MUD ganó con mayoría las legislativas de diciembre de 2015, las últimas elecciones que la mayor parte de la comunidad internacional ha validado como legítimas y legales en Venezuela. Con ello, Maduro lanzó otro órdago: aceptaría la victoria opositora en esas elecciones regionales de noviembre. Pero el contexto 2021 es diametralmente diferente, con una oposición fragmentada, en gran medida por la capacidad del "madurismo" para erosionarla y dividirla en cuanto a sus ofertas políticas y electorales. Por ello, muchos ven con desconfianza esta restitución de la papeleta electoral de la MUD.

Por ello, Maduro y una debilitada y desunida oposición parecen estar cargando baterías para la eventualidad de ampliar ese calendario electoral. O quizás este "revolución del TSJ" signifique también para Maduro (o más bien para La Habana, centro de operaciones donde se decide lo que sucede en Venezuela) la posibilidad de recomponer piezas internas dentro del "chavismo-madurismo", incluso ante la aparente rivalidad entre Diosdado y Maduro.

El régimen de Maduro mantiene en pie realizar en noviembre próximo las elecciones regionales. Pero la mediación noruega y, muy probablemente, la incesante presencia de Zapatero en la agenda venezolana, traduce la posibilidad de una ampliación del calendario electoral hacia una especie de "megaelecciones", donde podrían entrar unos comicios presidenciales. Por cierto, ZP ya ha sido designado como mediador del gobierno de Pedro Sánchez en la crisis catalana, lo cual demuestra que los aliados de Maduro siguen observándolo como una pieza clave en el complejo tablero internacional.

Por ello, no es casual que, de forma repentina y unánime, EE.UU, Canadá y la Unión Europea anunciaran revisar las sanciones contra el régimen de Maduro tras observar "avances significativos" en las "reformas democráticas" en Venezuela, llámense entonces esos "cambios" en el TSJ y CNE. ¿Avances? ¿En qué sentido? ¿Realmente son creíbles las reformas en el TSJ y el CNE?

Aún así, EEUU sigue apoyando a Guaidó, con la perspectiva de seguir manteniendo en pie sus piezas clave en Venezuela ante cualquier eventualidad electoral. Esto también supone mantener firme la postura de Washington ante la posibilidad de que Henrique Capriles Radonski se reconvierta en la "nueva" figura de una oposición "domesticada" para el "chavismo-madurismo".

"Lo que también se intuye es que de esos comicios de noviembre salga un nuevo establishment de poder en Venezuela"

En esa perspectiva, Julio Borges se reunió la semana pasada con Wendy Sherman, para abordar esas "negociaciones amplias" que lleven a "elecciones libres y justas" en Venezuela. Lo que también se intuye es que de esos comicios de noviembre salga un nuevo establishment de poder en Venezuela, donde el "madurismo" y varios sectores de la oposición, incluyendo al propio Guaidó, leven anclas y abran canales de cooperación.

La crisis venezolana desgasta al exterior

Pero el quid de la cuestión parece ser que la crisis venezolana ya es un problema cada vez más incómodo en las agendas de los grandes actores de la política global, más pendientes de la post-pandemia y la revolución económica que viene, con sus inevitables transformaciones sociales. Y por ello hay que buscarle una solución rápida, incluso parcial, que ralentice en el tiempo esa interminable crisis venezolana.

"La crisis venezolana ya es un problema cada vez más incómodo en las agendas de los grandes actores de la política global"

El momento de acelerar este calendario electoral es ahora, toda vez el contexto hemisférico está en permanente tensión, con la indefinición postelectoral en Perú, la represión política del régimen de Daniel Ortega, aliado de Maduro, en Nicaragua de cara a las presidenciales de noviembre, las prolongación de las protestas sociales en Colombia y los efectos políticos de la pandemia en el continente.

Y aquí se define como imperativo para la comunidad internacional la adopción inmediata de un calendario electoral en Venezuela, ese "bálsamo" que siempre sale a flote cada vez que el juego político en Venezuela está trancado, atascado. Esa partida en la que Venezuela, una vez más, pareciera que se la juega a todo o nada en las urnas.