¿Por qué (y para qué) vuelve ahora Stalin?

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 01/09/2021
Propietario de la imagen: El Huffington Post

Polémicas pancartas que banalizan tragedias de la historia

Una notable polémica ha causado el despliegue el pasado 23 de agosto, en el Ayuntamiento de Valencia, de una pancarta "En Defensa de Stalin", precisamente alzada el Día Europeo de las Víctimas del Nazismo y el estalinismo. La autoría de esta pancarta se atribuye a Reagrupación Comunista (RC), cuyos simpatizantes justificaron esta acción con la finalidad de "abrir un debate histórico sobre la figura de Stalin".

La controversia no terminó allí. Una semana después, e 31 de agosto, una pancarta similar apareció en la sede de VOX en Valencia, con autoría del mismo RC y del Frente Obrero, con la aparente intención de "mofarse" de VOX por haberlos denunciado por izar la pancarta en la sede del poder local valenciano. Por cierto, el alcalde de Valencia, Joan Ribó, del partido Compromís, miembro del "universo Podemos", restó importancia a la polémica de la pancarta aunque ordenó una investigación policial sobre este suceso.

En nuestro medio digital Qué Vaina! hemos dado cobertura vía Facebook a estas noticias, incluso publicando una información sobre nuevas revelaciones de fosas comunes con miles de víctimas de estalinismo.

Treinta años después de la desaparición de la URSS, la figura de Stalin parece resucitar con fuerza en algunos círculos políticos e incluso académicos. Recientemente, las juventudes comunistas españolas alabaron a Stalin como el "constructor de la URSS y del socialismo".

"La figura de Stalin parece resucitar con fuerza en algunos círculos políticos e incluso académicos"

Hay hechos históricos que sin duda son irrefutables: durante la era estalinista acaecida entre 1929 y 1953, la URSS pasó de ser una sociedad atrasada a convertirse en la potencia industrial (e incluso nuclear) que derrotó a la Alemania nazi y rivalizó con el Occidente capitalista dominando con mano de hierro la mitad del planeta. Una transformación tan profunda y dramática en apenas poco más de dos décadas y que tuvo el sello del propio Stalin y de sus colaboradores.

Pero el costo humano de esta transformación es tan espantoso como históricamente aleccionador. Tan sólo la victoria del pueblo ruso en la "Gran Guerra Patriótica" contra el nazismo costó 27 millones de vidas. Pero la gloria de esa victoria se la llevó Stalin, el "Generalísimo" que fuera considerado como "el padre de los pueblos".

La memoria histórica o porqué Stalin se hace "irresistible"

Con cierta nostalgia "imperial", la Rusia de Putin se ha enmarcado en los últimos tiempos en un calculado revisionismo histórico sobre la figura de Stalin, reivindicando su condición de "gran líder ruso", a pesar de que Stalin (cuyo apodo significa "acero") era georgiano, siendo su nombre original Iósif Vissarionovich Dzhugashvili.

s

Bajo la égida de Lenin, Stalin inauguró el totalitarismo moderno, a través del terror de masas y la represión.

Toda vez en España la Memoria Histórica se concentra en investigar los crímenes de la guerra civil y del franquismo, la memoria histórica en Rusia va por otro lado: no desentierra a sus muertos, que son millones.

Pero hay matices. En 2007, Putin condenó oficialmente la represión del estalinismo y las víctimas que este período histórico generó. No obstante, en 2017, coincidiendo con el centenario de la revolución rusa, el propio Putin puso tierra de por medio a este debate histórico: "el pueblo ruso ha sufrido lo suficiente en el pasado como para desenterrar a sus muertos". Incluso llegó a decir en una serie de entrevistas con el cineasta estadounidense Oliver Stone que "Occidente utiliza la figura de Stalin" como atenuante para "atacar a Rusia".

La figura de Stalin ha ocupado la atención de numerosos historiadores con una prolífica producción bibliográfica. Precisamente, la desaparición de la URSS y el proceso de reapertura de los archivos soviéticos (con sus enorme limitaciones, incluso obstaculizadas por intereses políticos) han permitido este revisionismo histórico, no precisamente complaciente con la figura de Stalin pero que ha arrojado importantes revelaciones sobre su figura y su sistema político.

"La figura de Stalin ha ocupado la atención de numerosos historiadores con una prolífica producción bibliográfica"

Huellas imprescindibles de estos estudios e investigaciones las tenemos en historiadores como Sheila Fitzpatrick, Robert Service, Robert Conquest (célebre por sus libros sobre las purgas y la represión estalinista, y a quien círculos intelectuales de izquierda han buscado descalificarlo como un "falsificador"), David L. Hoffman, James Harris y Simon Sebag Montefiore, por mencionar algunos de los más célebres. Como reclamo mediático, la figura de Stalin suscita así un enorme interés bibliográfico.

En España, Federico Jiménez Losantos traza muy bien el marcado cinismo de la izquierda mundial al propagar el mito del "Lenin bueno" en contraposición con el "Stalin malo", un aspecto que ha sido común en la izquierda mundial precisamente cuando el sucesor de Stalin, Nikita Jrushchov (un devoto de Stalin y artífice de sus sistema de represión en su Ucrania natal), denunció en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS en 1956 los "crímenes del estalinismo".

Y también la "intelectualidad progresista", esa que también eufemísticamente se ha calificado como la "izquierda caviar", snob y cosmopolita, ha contribuido a preservar esta impostura ideológica sobre el comunismo y el estalinismo. Sobran ejemplos como el del escritor francés Jean Paul Sartre, quien alabó a Stalin y al genocida camboyano Pol Pot, hasta los comunistas franceses como Louis Aragón, quien en plena efervescencia del estalinismo en la década de 1930 declaró a Stalin como "la luz del progreso de los pueblos".

En las denuncias de Jrushchov, la izquierda mundial encontró el necesario y conveniente "mea culpa" expiatorio de unos crímenes cuyos orígenes no se remontan únicamente a Stalin sino al "Gran Líder" Lenin, el creador del totalitarismo moderno, como muy bien retrata el historiador francés Stèphane Courtois.

"En las denuncias de Jrushchov, la izquierda mundial encontró el necesario y conveniente 'mea culpa' expiatorio de unos crímenes cuyos orígenes no se remontas únicamente a Stalin sino al 'Gran Líder' Lenin"

Precisamente, Courtois fue el coeditor de un libro igualmente imprescindible, "El Libro Negro del Comunismo. Crímenes, Terror, Represión", con numerosas reimpresiones desde su aparición hace más de 20 años. El argumento de este libro es irrefutable: el comunismo es culpable de unos 100 millones de muertos alrededor del mundo desde 1917. Y Lenin, Stalin y Mao, entre otros, se llevan la palma en cuanto al terror de masas.

Otro historiador francés, Thierry Wolton, ha calificado al comunismo como la "gran impostura de la historia". Sobran también los documentos audiovisuales que permiten observar con mayor nitidez de qué se trató el estalinismo. El debate también ha llegado a un nivel elevado de la discusión política: diversos países han iniciado un proceso de "descomunización" y de prohibición de símbolos y partidos comunistas.

Pero la justicia histórica también viene de la mano de esfuerzos individuales por parte de intelectuales, académicos y políticos que piden realizar un "Juicio de Núremberg" contra los crímenes del comunismo, similar al realizado en 1945-46 contra el nazismo. Nuestro medio digital Qué Vaina! se unió en su momento a esta campaña mundial.

Fiel a su tradición de relativizar ese pasado que les compromete, la izquierda mundial se ha cuidado de no condenar públicamente, en cuanta votación existiera, sobre los crímenes del estalinismo y del comunismo. Sin ir más lejos, PODEMOS e incluso el PSOE no han condenado los crímenes del comunismo ni en el Parlamento europeo ni en el Congreso de los Diputados español.

Qué queda del estalinismo hoy

A pesar de las denuncias de Jrushchov y de la conveniente amnesia expiatoria de la izquierda mundial, la herencia de Stalin sigue de alguna manera presente hoy en día. Sus síntomas siguen de algún modo vigentes en regímenes comunistas desde Cuba hasta Corea del Norte.

Sus métodos de represión, control social y totalitarismo han sido de alguna forma copiados y adaptados a sus respectivas realidades por parte de diversos líderes, desde el chino Mao Tse Tung hasta el camboyano Pol Pot, perpetrador de un genocidio por clase social que exterminó entre 1978 y 1979 al 25% de la población de su país. Incluso lo hemos podido ver en expresiones del terrorismo de izquierdas, como ha sido el caso del maoísta Sendero Luminoso en el Perú.

A Stalin se le atribuye la masificación a gran escala del terror y del control social vía represión sistemática e institucionalizada, con millones de muertos en Gulags (antecesor de los campos de concentración nazis), purgas, represión incesante para "exterminar el cuerpo social", además de hambrunas provocadas por su política de colectivización del campo, el tristemente célebre "Holodomor" (exterminio por hambre) que a comienzos de la década de 1930 asoló Ucrania y diversas partes de Rusia, con aproximadamente cinco millones de muertos.

s

La "Gran Hambruna" provocada por Stalin a principios de la década de 1930 cobró aproximadamente cinco millones de muertos.

El Gulag, como bien hemos aprendido de los testimonios del célebre disidente soviético Aleksandr Solzhenitsyn y de historiadoras como Anne Applebaum, fue la personificación del trabajo esclavo masivo, que llevó a la industrialización de la URSS. El estalinismo masificó casi hasta el infinito el "archipiélago Gulag" que denunciaba Solzhenitsyn.

gu

Stalin masificó hasta el infinito el "sistema Gulag", que propició el trabajo esclavo con fines no sólo de represión política sino más bien para cumplir con sus faraónicos proyectos de industrialización y de "construcción del socialismo" en la URSS.

"El estalinismo ha sido así la perfección suprema del totalitarismo, a la par del nazismo y de los fascismos"

Y en eso, el sello de Stalin y su legado a nivel mundial es irrefutable. El estalinismo ha sido así la perfección suprema del totalitarismo, a la par del nazismo y de los fascismos. Ese totalitarismo que ya estaba presente en Lenin y que Stalin masificó a gran escala, incluso legitimándolo a través del culto a su personalidad, una herramienta de socialización en la que Stalin fue pionero, al menos en la historia contemporánea.

¿Por qué vuelve ahora?

Con todo este background, se hace inevitable preguntar: ¿Por qué (y para qué) vuelve ahora Stalin? ¿Y por qué en la España actual? ¿Busca de alguna manera la izquierda "post-moderna" española inspiración en ese pasado? El debate y la memoria histórica, ¿no cabe también para las víctimas del estalinismo? ¿Por qué la izquierda española se niega sistemática y persistentemente a condenar los crímenes del comunismo y del estalinismo?

"¿Por qué (y para qué) vuelve ahora Stalin? ¿Y por qué en la España actual? ¿Busca de alguna manera la izquierda "post-moderna" española inspiración en ese pasado?"

No sabemos si este revisionismo histórico sobre Stalin finalmente llevará a la instrumentalización de algún proyecto político "neoestalinista". A priori, no parece probable. Por ahora, se impone la (des) memoria histórica y la provocación banal y artera, a través de pancartas en instituciones públicas que deben propiciar el debate plural y democrático pero también el respeto y la justicia histórica.

Y aquí no valen las medias tintas ni el cinismo político. Así lo reclaman esas víctimas del comunismo y del estalinismo, invisibles, olvidadas y ocultas por buena parte de la izquierda y su conveniente amnesia histórica.