Trump, Venezuela y los “fake news”

La guerra informativa en un 2020 electoral

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Primero fue John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional de Trump. La semana pasada adelantó vía The Washington Post un capítulo revelador sobre Venezuela en su libro de memorias que este martes 23 sale a las librerías. Fuentes informativas en EE.UU argumentaron presuntas presiones de la Casa Blanca para que el libro no se publicara.

En ese capítulo, Bolton aseguraba que Trump supuestamente se habría arrepentido de reconocer a Guaidó como legítimo presidente de Venezuela. Asegura que Trump calificó a Guaidó de “niño” y “débil” y al usurpador Maduro de hombre “fuerte”.

A la revelación de Bolton le siguió una entrevista en el portal Axios, en la que se aseguraba que presuntamente Trump estaría dispuesto a reunirse con Maduro y que la decisión de elegir a Guaidó no era algo “significativo”. No obstante, no sólo desde la presidencia de Guaidó sino incluso algunos portales en EE.UU se apresuraron a confirmar que las declaraciones de Trump en esta entrevista con Axios fueron “malinterpretadas” e incluso contextualizadas.

No es casual que el capítulo “liberado” por anticipación del libro de Bolton sea precisamente el de Venezuela. El 2020 es electoral en EE.UU, con comicios presidenciales en noviembre. El voto venezolano es importante, así como el cubano, y Trump cuenta con esos votos. Pero también hay interés mediático en desacreditarlo, a lo que ayuda la incontinencia verbal del propio Trump, toda vez algunos sectores mediáticos cuestionan decisiones como la de apoyar de forma irrestricta a Guaidó sin ver avances en Venezuela para poner fin a la que ha calificado como la "tiranía de Maduro".

Las tentativas de desacreditar a Trump también tienen que ver con las recientes protestas raciales en EE.UU, las cuales han comenzado a menguar. Se especula con implicación “chavista” en esas protestas, toda vez Trump parece retomar el control. Tiene en mente la reelección en la Casa Blanca y este fin de semana ya dio su primer mitin electoral en plena pandemia. A pesar de la caída en su popularidad, no conviene menospreciar su capacidad de margen de maniobra.

Pero en teoría también este es un 2020 electoral en Venezuela. Juan Guaidó, el presidente interino y reconocido como mandatario legítimo de Venezuela por unos 60 países, entre ellos EE.UU, presiona por unas elecciones presidenciales y con garantías para salir de la usurpación. Pero lo hace en un contexto complejo y difícil, toda vez la usurpación avanza en sus mecanismos de ilegalidad y represión.

Maduro calcula con otro esquema: en diciembre próximo deberían celebrarse nuevas elecciones a la Asamblea Nacional y, por lo tanto, ansía desesperadamente sacar a Guaidó y recuperar el poder legislativo para el “chavismo”, avanzando así hacia el poder total en Venezuela. Ya está dando pasos hacia ese fin, nombrando un nuevo CNE viciado de ilegalidad al ser nombrado por el ilegítimo TSJ. Un auténtico “Madurazo”, estilo “Fujimorazo”, toda vez descabeza vía TSJ las direcciones centrales de AD, Voluntad Popular y Primero Justicia.

Ante este panorama, ¿cómo debemos analizar las declaraciones, verdaderas o contextualizadas, de Trump sobre Venezuela? Tras casi cuatro años en la Casa Blanca, Trump ha dado muestras corrientes de ser impredecible en cuanto a su política exterior, con dosis de improvisación, de falta de constancia y de reaccionar a la carrera, sin aparentemente analizar con mayor profundidad el alcance de estos acontecimientos. Ejemplos sobran: Trump hoy tanto te habla bien de Putin, del norcoreano Kim Jong un, del chino Xi Jinping, y mañana arremete contra todos ellos.

Su política exterior en Oriente Medio es una prueba de esta condición de imprevisible que tiene Trump. Aparentemente, está tratando de que Washington salga de esa región pero, durante su administración, ya ha bombardeado dos veces a Siria desde portaaviones en el Mediterráneo, contra objetivos del régimen de Bashar al Asad. Por cierto, un régimen, el sirio, aliado estrecho de Maduro.

Toda vez, Trump ha estrechado lazos con Israel y Arabia Saudita, rivales del eje euroasiático ruso-chino-turco en Oriente Próximo. Y la reciente tensión fronteriza entre India y China tiene visos de tener algún tipo de ascendencia desde la Casa Blanca. En febrero pasado, Trump selló un estratégico acuerdo con India y Japón orientado obviamente a cercar a China y su pretendida ambición hegemónica global.

En cuanto a Venezuela, Trump ha apostado fuertemente por Guaidó. Pero el contexto actual venezolano es un callejón sin salida. Tras año y medio del comienzo de la actual crisis en enero de 2019, Maduro sigue en el poder y ahora con una pandemia del coronavirus en ascenso, que le ha permitido reforzar sus controles vía represión.

Por tanto, no se ha verificado una quiebra institucional ni militar en contra de Maduro, pero los escándalos internacionales, en especial la detención de su testaferro Alex Saab en Cabo Verde, vuelve a colocar al usurpador contra las cuerdas. Mientras, Rusia sigue asistiendo a su régimen e Irán enviando combustible y alimentos a Venezuela.

Del mismo modo, Guaidó sigue al frente de la AN, pero su liderazgo en la oposición vuelve a polarizarse. Y ahora comienza a observar el retorno de opciones más radicales, como la de María Corina Machado, que apuestan por la intervención militar extranjera. La crisis socio-económica es insostenible en Venezuela, pero el confinamiento de la pandemia, ahora de nuevo radicalizado, neutraliza cualquier acción de calle.

En mayo, Trump anunció una misión militar antinarcóticos en el Caribe, que coincidía con la llegada a Venezuela de los primeros buques de combustible iraní. ¿Hubo entonces choque EE.UU-Irán en el Caribe y por Venezuela, cuando muchos lo predecían? No lo hubo. Trump fue permisible con Teherán en su propia área de influencia, eufemismo de lo que siempre se llamó como el “patio trasero” estadounidense. Y eso que el de Irán es uno de los regímenes que esta en su lista negra precisamente por sus vínculos con Maduro.

Pero tendremos cuerda para rato entre lo imprevisible que es Trump y los inevitables “fake news”, a favor o en su contra, en una era cada vez más monopolizada por lo digital. No sabemos si el problema es la interpretación del mensaje por parte del receptor o si lo es con el emisor, en este caso Trump, quien aparentemente no se sabe "expresar bien". O si todo esto son maniobras de distracción, en el sentido “lo dije pero no lo dije”.

Todo este contexto profundiza las incertidumbres sobre cómo Trump ve posible solucionar un “problema venezolano” que también tiene incidencia en su reelección a la Casa Blanca. El voto venezolano y cubano de Florida cuenta y esos lobbies juegan sus cartas en la Casa Blanca.

Y también están las investigaciones en EE.UU contra los altos cargos del régimen de Maduro por narcotráfico, terrorismo y corrupción. Si como dice el portal Axios, Trump estaría dispuesto a reunirse con Maduro, ¿se paralizarán entonces todas esas investigaciones en EE.UU que fijaron el precio a la cabeza de Maduro y sus compinches? ¿O por el contrario, arreciará la presión desde Washington contra Maduro? Con anterioridad, la administración Trump propuso un Consejo de Estado en Venezuela para la transición democrática, sin Maduro ni Guaidó. ¿Es ello una prueba de que Trump busca otras opciones en Venezuela?

En el fondo, todo esto es cuestión de credibilidad para Trump. Sobre Venezuela, comienza a generarse la percepción de que quiere apostar por una solución propia, unilateral, más allá de Maduro y Guaidó. Pero también que, ante la indefinición política de la crisis venezolana y los problemas domésticos por la pandemia y las tensiones raciales y sociales, prefiere más bien tomar distancia de Venezuela pero sin perderla de vista. Viendo los antecedentes, con él nada parece completamente seguro, ni definitivamente escrito ni hablado.

 

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